viernes, 2 de agosto de 2013



Cargar la suerte es quizá el tema más confuso y sobre el que puede centrarse toda la ética del toreo de muleta, suerte general que desde el siglo XIX ha terminado por desplazar los dos tercios precedentes de la lidia de toros bravos. Tenemos dos significados, ellos siempre contradictorios:

*el primero, sustentado en los críticos tutelares de siempre (Bleu, Corrochano, Ortega, Vidal, Navalón) y que tiene el cargar la suerte como el acto mediante el cual el torero adelanta la pierna de salida (pierna donde el toro sale: si es toreo con la derecha, será la pierna derecha; si es toreo con la izquierda o naturales, será la pierna izquierda; si es algún pase cambiado, como trincherilla, trincherazo o cambio de manos, resulta la pierna contraria), y que varía según el crítico: para algunos, la suerte se carga al citar al toro, para otro, antes del embroque (antes que llegue el toro). Adelantar la pierna de salida, sería sin duda una formulación aproximativa de cargar la suerte.

*el segundo, propio de críticos más heterodoxos e incluso tratadistas (Pepe Hillo, Zabala, Alameda, y ¿por qué no? El buenazo de Morente), que caracteriza el cargar la suerte no como el acto de adelantar la pierna de salida (pues incluso hay uno que sugiere sin rubor que se puede cargar la suerte escondiendo la pierna de salida, como hace Manzanares hijo), sino de torear con los brazos, formulación que desde Pepe Hillo hasta Morente, resulta fijar en la capacidad de alterar la embestida con los brazos, para embarcar el toro, la verdadera naturaleza de cargar la suerte; esto es, el peso de cargar resulta no en las piernas, que da igual dónde se pongan, sino en qué hacen los brazos para llevar al toro toreado: bajar los brazos y adentrar al toro en el terreno del torero.

Formularé mi teoría, pues en definitiva en esos terrenos toreamos: ninguna de las dos acepciones de cargar la suerte que como corrientes se han instaurado en la historia, son definitivas; en efecto, uno puede adelantar la pierna de salida, incluso espernancado, pero si se está fuera de pitón, la suerte no está cargada (tauromaquias como las de Encabo, u hoy la de Javier Castaño, por ej). Radica lo anterior en una cosa: tanto la acepción de la pierna adelantada como la del brazo toreador, implícitamente comprenden que cargar es una manera de torear mucho más profunda que no cargar. En el primer caso, la antítesis es la pierna de salida escondida, y en el segundo, que el toro no sea sometido por la muleta que se conecta al brazo; ambas, hemos notado ya, se refieren en últimas no a cómo se hace, sino a qué produce: produce toreo profundo.

Vamos con algo sencillo: torear es llevar al toro donde este no quiere ir, esto es, lejos de su viaje natural, que regularmente es en línea recta. Por eso, la introducción de Belmonte, bebida desde Frascuelo y Antonio Montes Vico, fue el toreo en redondo (que no pases circulares, repitamos eternamente), o forzar al toro a ir en un viaje no-natural: no dejarlo ir con su embestida lineal.


El toreo profundo no es el de los muletazos largos en tiempo ni el de los circulares, por ello nadie se atrevería a calificar el toreo de montaña rusa (padre del posmoderno) que instrumentaba Paco Ojeda como profundo, o propio en cargar la suerte; sencillamente, como en todo circular, el toro iba aliviado. Por ello, hay otra conclusión de reducción: cargar la suerte produce además sometimiento y obliga al toro a ir en otro terreno no-natural a la línea, pues el hombre ha ganado ese terreno con su cuerpo: a veces adelantando la pierna, a veces, como Manolete o Tomás, cargando con el cuerpo entero de frente y a pies juntos: en ambos casos, el viaje natural del toro en línea recta es ocupado por una parte del cuerpo mismo del torero, con lo que el toro debe embestir describiendo la curva en derredor al estorbo, y eso se logra sometiendo y mandando al toro a que no toque el cuerpo del torero.

Con lo anterior llegamos a otra conclusión: tienen razón las dos definiciones de cargar en fijar ello tanto en adelantar una pierna, o el cuerpo, como en que son los brazos los que deben torear para que el toro no embista a la pierna o al cuerpo, con lo que cargar la suerte, no se puede reducir a una ni a otra definición, sino que tiene que resultar de ambas. De nada sirve adelantar la pierna de salida, como Encabo o Castaño, si se está fuera de cacho y por ello ni la pierna ni el cuerpo estorban la trayectoria del toro, y con ello no hay necesidad de torearlo para evitar ser arrollado. Tampoco sirve, mucho menos, esconder la pierna y estar fuera de cacho y además mandar el toro para afuera, como hace Manzanares (ej, indulto de arrojado), si el cuerpo o la pierna e incluso la muleta (al torearse con el pico y en línea recta) nunca estorban al toro.

Así las cosas, creo que ya tenemos caracterizado el cargar la suerte como la manera de ganar el terreno para torear con más profundidad al toro, y con ello, con más riesgo mortal para el torero, y que se produce cuando una parte del cuerpo estorba el viaje natural del toro, con lo que además de exponer, el torero está obligado a someter y torear con los brazos,  llevando a fondo al toro en curvas que también lo romperán, dando además cuenta de qué tan bravo es, crecido ante este nuevo castigo.

Aunque con la pierna adelantada, la distancia con respecto al toro hace que este pase de pecho no tenga la suerte cargada
Con ello, tenemos el componente técnico pero también vislumbramos el ético: cargar es arriesgar también.
Y para arriesgar, el torero además de imponerse en un terreno ganado al toro durante el muletazo, también debe abandonarse a esa conquista, esto es, cargar todo el peso de su cuerpo en esa pierna de salida (con lo que la otra pierna queda levantada), o siendo el caso del toreo a pies juntos, someterse a la quietud y a la no corrección del terreno. O, también, si se trata de una mixtura de ambas, tener decididamente asentadas las zapatillas en la arena, incluida la pierna adelantada, como hacía el maestro Rincón desde el segundo muletazo.

No hay algo tan emocionante en el toreo de muleta como ver a un torero abandonar todo su peso a la cargazón, es una renuncia al yo pero un sometimiento absoluto al toreo, algo que raya para mí lo religioso, debido a lo que produce.

Con ello caracterizamos nuevamente una nueva objetivación de cargar la suerte: el torero debe dar la sensación de dar un paso adelante hacia la embestida del toro, mientras al mismo tiempo está quieto. Si se me cree contradictorio, por favor revísese con detenimiento la foto de Morante que inaugura este post, y que para mí es expresión definitiva de qué es cargar la suerte, y que forma parte de la magia que logra la lidia del toro bravo. Si unimos las conclusiones que nuestro método de deducción ha producido, tendremos la siguiente definición:

Cargar es una manera de torear, se refieren en últimas no a cómo se hace, sino a qué produce: produce toreo profundo. Cargar la suerte produce además sometimiento y obliga al toro a ir en otro terreno no-natural a la línea, pues el hombre ha ganado ese terreno con su cuerpo: a veces adelantando la pierna, a veces, como Manolete o Tomás, cargando con el cuerpo entero de frente y a pies juntos. Tienen razón las dos definiciones de cargar en fijar ello tanto en adelantar una pierna, o el cuerpo, como en que son los brazos los que deben torear, para que el toro no embista a la pierna o al cuerpo, con lo que cargar la suerte, no se puede reducir a una ni a otra definición, sino que tiene que resultar de ambas. Así las cosas, creo que ya tenemos caracterizado el cargar la suerte como la manera de ganar el terreno para torear con más profundidad al toro, y con ello, con más riesgo mortal para el torero, y que se produce cuando una parte del cuerpo estorba el viaje natural del toro, con lo que además de exponer, el torero está obligado a someter y torear con los brazos, llevando a fondo al toro en curvas que también lo romperán, dando además cuenta de qué tan bravo es, crecido ante este nuevo castigo. Es una renuncia al yo pero un sometimiento absoluto al toreo. El torero debe dar la sensación de dar un paso adelante hacia la embestida del toro, mientras al mismo tiempo está quieto.
Esto es cargar la suerte en su expresión más depurada, estética, ética y técnica. Es don Antonio Bienvenida, con una curita en la herida.
Me permito en últimas rebatir una falacia: que se pueda cargar la suerte retrasando la pierna, cono estilan ahora las figuras aproximadamente desde el 2001. Según esta abstracción del fanatismo de algunos, retrasando la pierna el toro al concluir el muletazo pasará por la pierna de salida retrasada, con lo que, según ellos, la suerte se carga al final del muletazo, no al inicio. Es fácil machetear esto: en realidad es una trampa, incluso visual, pretender que retrasar la pierna o torear de perfil espernancado, conduce a que se cargue la suerte al final del muletazo porque: al final del muletazo el toro ya ha pasado por obra de que se le torea con el brazo extendido, o sea, al momento de ir atrás de la pierna, el toro ya ha pasado hace media hora. Torear así garantiza que el toro vaya aliviado en línea recta; solo una mente fantasiosa puede suponer que el viaje natural del toro se modifica al final del muletazo (!) y no al inicio, teniendo en cuenta que durante el cite y la conducción toreada el toro ha ido en línea recta, o sea, el muletazo ha sido recto (el remate del muletazo no es el muletazo, el muletazo es todo!). Fundamentalmente, contraviene otros principios: el ganar terreno al toro, el dar el paso con el cuerpo hacia la embestida, en someter realmente al animal a ir donde no quiere, y éticamente a exponerse, pues el mayor riesgo que corre el torero retrasando la pierna y toreando en líneas, es que al concluir el muletazo en la pierna de salida-retrasada, el toro pueda matarlo pegándole con el costillar, o sea, no hay riesgo realmente. Quizá, lo que puedan tener algunos es conducción y mando a toros nobles, pero difícilmente toreo profundo, pues nunca cargan la suerte de ninguna manera, y contrario a ello, la descargan, cosa que resulta de hacer todo lo contrario a lo que se ha explicado.
Este muletazo, de difícil clasificación en los pecados novilleriles, es una trampa: no se carga la suerte bajo ninguna manera conocida, pero El Juli hace la pose, pese a estar fuera de cacho, y en línea, de perfil y con los pitones a 10 metros, pues el toro va en línea, por donde quiere; solo hay que leer esto: "Sin cargar la suerte, el toro entra y sale por donde quiere; y no, ha de ser por donde quiera el torero. Hoy, los muchachos, como no cargan la suerte, dejan al toro tan fresco después de 50 pases; ¡Y eso no es torear! El toro, después de cargarle la suerte en 8 o 10 muletazos, ha de acabar hecho una birria. "
Domingo Ortega
Esto se explica solo....


Solo hay que hacer una pregunta final, ¿Por qué El Juli y Manzanares adelantan la pierna de salida de manera correcta en el capote al estirarse por verónicas, pero en la muleta hacen todo lo contrario, descargando cada uno a su modo para poder ligar los muletazos? ¿Por qué esa radical separación entre el toreo de capa y el de muleta? ¿No hay ligazón en sus toreos por verónicas acaso? Ah….




Cargar la suerte, es un componente ético, técnico y estético de la lidia de toros bravos. Un logro de la ciencia taurina, como para venirlo a botar a la basura en 12 años.

Anuncios

Blog Archive

Seguidores

Author

Mi foto
En el año 1988 Maníli abría la puerta grande de Las Ventas de Madrid en la corrida de Miura. También nacía yo. Amante de la tauromaquia, el cine, la literatura y el rock. Sigo con obstinada fe la certera evidencia de la frase de Lorca: "Creo que los Toros es la Fiesta más culta que hay en el mundo".