Mostrando entradas con la etiqueta #contralosantitaurinos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta #contralosantitaurinos. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de septiembre de 2017

Taurinos impiden que Peter Janssen salte al ruedo


Peter Janssen no pudo saltar al ruedo esta vez. Pretendía hacerlo en la corrida de Jandilla en Logroño. Desde el inicio del festejo, los aficionados lo reconocieron y esperaron a que preparara su clásico número de simular valor sin camiseta para tirarse al ruedo con el toro muerto.

Así fue que lo reconocieron


Los aficionados impidieron el falso heroísmo del holandés, quien vive de cobrar "donaciones" para pagar fianzas, pasajes, boletos para la plaza y hoteles, cosas que según él le permiten asaltar ruedos y llevar el mensaje antitaurino a todo el mundo. Al momento de lanzarse al ruedo, Janssen fue interceptado y reducido por cinco aficionados, quienes lo entregaron a las autoridades para la respectiva detención.

¡Hay que actuar así en todas las plazas! ¡Que respete a la tauromaquia de una buena vez!
Read More

domingo, 27 de agosto de 2017

[Video] ¡Por fin! Animalistas saltan al ruedo con el toro vivo



Por fin los animalistas oyeron nuestros ruegos relativos a su valentía, y han "asaltado" un ruedo con un animal de lidia vivo. Todas sus tesis sobre lo "inofensivo" e "indefenso" que es este pobre animal torturado quedaron demostradas. Aunque nos podemos inclinar a pensar en que esto en realidad fue un acto más de inconsciencia que de valentía (creerse la cascada de mitos disneylandia sobre la realidad biológica y zoológica de uno de los animales más letales de la tierra), partamos una lanza a favor del anti que carga la suerte ante la llegada del novillo de Miura y resiste, combinando técnica de recorte, matar recibiendo y de forcado, la arremetida del peluche indefenso. Los hechos ocurrieron en Carcassonne, Francia, y el anti herido reposa en un Hospital antes de pasar a manos de las autoridades. Aquí el vídeo:







Finalmente, los sádicos asesinos, dedicados en más felices jornadas a torturar al animal indefenso del vídeo, extrañamente corren a salvarle la vida a alguien que previamente oyeron saltar a la arena gritando "Corrida Basta", frase de batalla del animalismo francés. Desde luego, todo esto es extraño al relato tradicional antitaurino, donde el animal de lidia es equivalente a una vaca lechera, el taurino un ser sin misericordia reconocible, y el animalista un héroe moral, valiente y esforzado. Salud.
Read More

lunes, 15 de agosto de 2016

Los peores mitos de los antitaurinos en la red



Que el toro es indefenso y no ataca. Que se mata a la familia del toro que logre matar al torero. Que la tauromaquia no es patrimonio. Los mitos antitaurinos, al descubierto.

Pero la mentira no es algo que se sirva exclusivamente en el plato del veganismo hoy por hoy. Celebraciones mundiales por curas de enfermedades terminales que en realidad estamos lejos de descubrir; milagrosas e indemostrables historias de perros que no comen ni duermen, a la espera ficticia de sus amos... ¿Pero qué persona con la más mínima inteligencia puede creer que el cáncer terminal se cura con bicarbonato de sodio o que un perro puede aprender a conducir un automóvil? ¡Qué importa! Si sale en la red y está viralizado, millones de personas creerán que es real. En este punto descubrimos lo gregario del pensamiento humano.



Mitos de esa laya también se extienden en las redes contra la tauromaquia. Aquí analizamos algunos.


1. El toreo ya no es PCI en Francia



Este primer mito es fascinante: que las corridas de toros fueron retiradas del Patrimonio cultural inmaterial de Francia, país que declaró a la tauromaquia como parte de su PCI en 2011. Desde luego, para aquellos que desdeñan a la tauromaquia como cultura, hecho que demuestran al rimar la palabra con el vocablo "tortura", esta era la derrota más esperada.

Para explicar el error debemos retroceder unos cinco años: la actividad humana que desea ser incluida en el PCI de cualquier país firmante de las convenciones de la UNESCO, debe demostrar su valor patrimonial y cultural mediante un estudio científico que es revisado por un grupo de expertos catedráticos en las áreas como sociología, antropología o arqueología. El jurado es definido por los ministerios de cultura de cada nación.

El toreo desde luego demostró con suficiencia ante el jurado y el Ministerio de cultura francés su carácter de cultura y patrimonio, por lo que la discusión ocasionadas por las falsas noticias de entrada ya está resuelta: no importa si un país retira o no al toreo de lista PCI, cuando en realidad desde el punto de vista de las ciencias sociales ya se ha demostrado que el toreo sí es cultura, sí es patrimonio y sí reviste un carácter inmaterial o intangible que merece protección.

Por otro lado, si el toreo ya ha sido declarado PCI, es imposible imaginar que pueda ser suprimido de la lista, puesto que el jurado ya ha fallado de forma irrevocable avalando estudios serios sobre la materia. La UNESCO en su estatuto no permite que un patrimonio declarado sea retirado de la lista. Es imposible.

Lo que se discute aún en Francia es por qué la ficha que declaró a los toros PCI en dicho país no aparece en las instalaciones del Ministerio de Cultura, es decir, un tecnicismo de procedimiento, no de fondo. La mágica desaparición de este documento representó para un juez la "abolición implícita" del toreo, cosa que desde luego no sucede en un país donde la cultura taurina aún vive como manifestación intangible del genio humano. En consecuencia, lo que los medios del mundo con una pésima traducción han difundido, es falso desde todo punto de vista: un patrimonio no puede ser eliminado del PCI y no existe ningún fallo que declare la salida de los toros de la lista en Francia. 

El filósofo francés F. Zumbiehl lo explica mejor:


La mejor forma de combatir el mito es exigir al mentiroso el número del fallo que supuestamente ordenó suprimir a la tauromaquia del PCI en Francia: sencillamente no existe.

2. El toro no ataca

                



Una de mis tonterías favoritas: el toro no ataca, es un animal que solo busca "huir" de la plaza. Para demostrarlo se valen de un vídeo taurino. Poco más que agregar que esta evidencia.

Todo muy bien, hasta que de entrada vemos que el animal del vídeo no es un toro, sino un becerro. No debemos explicar que en las distintas edades el comportamiento de los mamíferos muta. El hombre es un gran ejemplo: los bebés no suelen comportarse igual que los adultos, puesto que las conductas están íntimamente condicionadas por el desarrollo físico y mental. Por razón de ello, por ejemplo, los taurinos sabemos que un toro de cinco años es más peligroso que uno de cuatro. Mientras más edad hasta cierto pico que roza la ancianidad, más peligrosidad. Un poco como el ser humano.
¿Se imaginan que concluyeramos grandes porciones del comportamiento del hombre adulto con demostraciones basadas en vídeos de bebés? Por ejemplo, demostrar que para el ser humano es imposible pilotear aviones, concluyendo tan facunda idea con el vídeo de algún bebé inexpresivo en la silla de un piloto comercial, es una evidente tontería. Así las cosas, demostrar que el toro no embiste en la plaza, usando para tal propósito el vídeo de un becerro, explica que el antitaurinísmo se dirige a un público corto de muchas cosas.

Desde luego lo que sale en el vídeo es una forma grupal de la famosa "suerte del Tancredo", que consiste en hacerse la estatua para que el animal de lidia no perciba el cuerpo humano como una amenaza y siga de largo, ya que el movimiento siempre incita al ataque del astado. Que esto sea posible en la tauromaquia bufa o cómica (hacerse la estatua para no ser atacado), no indica en todo caso que el toro sea incapaz de atacar ferozmente, o que el truco sirva con astados de lidia cuya edad sea mayor a cuatro años.

En realidad el toro de lidia es un animal mortalmente ofensivo y poderoso:

3. Van a matar a la familia de Lorenzo




Nuestro sentimiento de pesar por la muerte de Víctor Barrio tuvo que volverse repulsión por la infame mentira que el animalismo difundió para contrarrestar las muestras de humanidad que muchos sectores sociales vertían por el fallecimiento del torero.

Más de 7,000 portales reprodujeron el que quizá sea el bulo de internet más mentiroso del siglo XXI: que existía una supuesta tradición taurina, bajo la cual se obligaba a matar toda la familia del toro que haya matado a su torero. Amparada en la leyenda de Manolete, se echó a rodar esta bola de odio, risible, no lógica, indemostrable, sentimental y lela. ¿¡Cómo van a matar a la familia de un pobre toro que solo hizo lo que hacen los animales de su raza, es decir, atacar hasta la muerte!? Inconcebible.

Es necesario aclarar que no existe ninguna tradición taurina que señale la obligatoriedad de la muerte de la reata (no familia) de un toro homicida. Por ejemplo, el ganadero no podría sacrificar el semental sin perder décadas enteras de dinero y trabajo. Lo que sucedió con Manolete, cuando el ganadero de Miura sacrificara a Islera, madre del toro Islero, debe entenderse según una circunstancia histórica especial: Manolete representó para España el resurgir de su cultura y los espectáculos de masas tras la Guerra civil que dividió al país. Su muerte fue un baldado de agua helada para una sociedad necesitada de referentes. El gesto del ganadero, brutal y sanguíneo, de mandar apuntillar a la vaca madre de Islero, solo obedece a la ira de una sociedad a mitad del siglo XX, no a una tradición taurina.

Por ende, es enfáticamente falso que se haya sacrificado a la familia del toro Lorenzo como consecuencia de la muerte de Víctor Barrio. Sobre este particular, permitamos que un medio de comunicación colombiano que cayó en la trampa se preste a hacer acto de contrición desmintiendo el bulo de redes sociales:


        

(Lista susceptible a ser ampliada)
Read More

domingo, 10 de julio de 2016

El antitoreo es mierda




A Víctor Barrio el toro Lorenzo de Los Maños le quitó la vida de una seca cornada en el costado. Aunque su cuadrilla sabía que estaba muerto al momento de levantarlo de la arena, corrieron desesperadamente para llevarlo a la enfermería. Y allí, aunque los médicos también sabían que había llegado muerto, decidieron intubarlo y practicarle maniobras de reanimación, mientras las imágenes de los banderilleros que lloraban aferrados a las tablas nos helaba la sangre. Hasta entonces, Lorenzo no significaba nada para el animalismo. No hubo campañas antes en su nombre, ni durante el rito, clamando ante las puertas del coso de Teruel su nombre. Y si hubiera muerto sin historia (para ellos), seguro hoy también estarían ignorantes de su existencia, sin ardor ni indignación. Lorenzo, perdido en el mar de correcciones e indignaciones fáciles de nuestra sociedad… Pero el toro descubrió la pierna de Víctor en una tanda donde el viento le movió la muleta, le hizo zancadilla con la cabeza y, viéndolo en el suelo, lo atravesó con su pitón de lado a lado del tronco. He pensado en ello antes de dormir: al igual que la muerte de Ana Karenina, espantosa en su física (una bella rusa triturada por el paso del tren) pero elevada en su sentido, la de Víctor Barrio tuvo cierta limpieza, libre de horror e imágenes penetrantes. Él murió para decir que estuvo jugándose su vida en cada corrida antes de llegar a Teruel, exponiendo su cuerpo, su futuro y la paz de su familia a lo peor para hacer cumplir un rito que no todos comparten ni pueden entender, profundo de sentido porque allí está la vida y la muerte de verdad. Es la única reflexión decente que puede hacerse sobre su fin, a menos que uno sea animalista o antitaurino.

Pero el animalismo cree que el estatus moral de un ser humano es igual que el de una vaca o un gato, aunque la ciencia moral demuestra justamente lo contrario, como escribió Peter Carruthers. La sociedad, esa masa acrítica que hoy privilegia la rapidez y no el esfuerzo, ha premiado ese ligero pensamiento, creyéndolo.




Anoche, antes de irme a la cama con un vacío en el pecho, veía algo de los 50.000 tuits que contenían el keyword “Víctor Barrio”, y era casi como oír la radio Hutu de Ruanda, llamando “cucarachas” a los Tutsis y diciendo que su muerte era un acto de justicia y normalidad. Estas personas en realidad celebraban con alegría la muerte del torero. Con sinceridad, estaban eufóricos porque el toro lo había corneado, hecho reproducido mundialmente por todos los medios, al saber que el rencor contra la tauromaquia haría que la noticia se volviera viral, como si el torero fuera la mayor personificación del mal en un mundo donde 60 millones de niños morirán de hambre, como denunció la Unicef.

¿Qué objeto tiene denunciar la inmoralidad de la corrida incurriendo en una inmoralidad peor? ¿Qué sentimientos oscuros revelan quienes se alegran de la muerte humana? ¿Cómo puede lamentarse la falta de piedad en el taurino mientras se hace gala de una impiedad peor, al estar dirigida contra el ser humano? Que yo sepa, el genocidio en Ruanda es un verdadero problema moral, mientras que sobre el matadero de carne no todos estamos de acuerdo.

Celebrar la muerte del torero desdice totalmente el discurso animalista. No hay elevación moral alguna en alegrarse por la muerte de un ser humano, sea por el motivo que sea, mientras se nos exigen la idea de que la vida es sagrada, incluso la animal. Por ejemplo, solo el nazismo se arrogó la facultad de decidir qué muertes humanas podrían llorarse.



 Por otro lado, es estulto formular la supuesta indefensión de un “torturado” mientras se reproducen de forma victoriosa las imágenes donde el toro mata al torero. En la historia, jamás un torturado mató a su victimario en el mismo acto donde era supliciado, porque es enfáticamente imposible. La muerte del torero es una verdad que derrumba el discurso animalista, al ofrecerlos sin el manto de pureza ética que predican al mismo tiempo que exigen, y también al hacer notar que el toro es un animal poderoso, no un pobre torturado. Muchos toreros salen prácticamente muertos del ruedo y son revividos por la ciencia médica del siglo XXI. Para no ir muy lejos, hace tres semanas a Escribano un toro le pegó una cornada que hace 20 años lo hubiera matado en cinco minutos. En perspectiva, las celebraciones del antitoreo se han reducido por el humanista avance de las ciencias médicas.

La estupidez y la hipocresía son rasgos destacados de todas las homilías de odio, incluso dirigidas con alegría contra la esposa de Víctor, sin el más mínimo rubor. Estas personas pidieron que a Lorenzo se les diera el rabo y las orejas del torero, como si el ser humano tuviera rabo (esa extremidad de la columna vertebral que perdimos hace siete cadenas evolutivas) o como si el toro pudiera o quisiera hacer algo con las orejas de un ser humano. Son comentarios totalmente estúpidos. Para estas personas, la única experiencia directa con la anatomía es el pedazo de carne en sus platos, innecesario, obtenido con la cobardía de quien no fue al matadero a ultimar mirando a los ojos al bovino de donde viene, pero que llama “asesino” al torero que sí lo hace. Otros entretanto concluyen que la muerte de Víctor “es arte”, ironizando sobre la peregrina idea de que para nosotros la muerte del toro es arte. Es cierto que estas personas jamás han tenido una tauromaquia en sus manos o que todo lo que saben de toros está filtrado por una máquina de propaganda y desinformación digna de Goebbels.



Pero el punto central es este: ¿Cómo las personas que nos exigen a los taurinos el no hacer de la muerte un acto, ven con tan buenos ojos el fallecimiento de un torero? Anselmi, que corre más rápido que la inteligencia que lo persigue, dijo que los taurinos pagamos por ver morir, y como tal, no podíamos decir nada a los antitaurinos que hacen uso de la muerte en el ruedo, esta vez del torero, para sentirse eufóricos. ¿Pero es que acaso está formulando que uno puede “alegrarse” de la muerte del otro y luego salir a la calle a caminar sintiéndose como una persona perfectamente normal? ¿Lo hacen ellos? ¿Entonces de qué nos acusan a los taurinos? Hasta el demoledor Estado americano respetó los ritos funerarios al arrojar a Bin Laden al fondo del mar desde un helicóptero, a pesar de ser la persona más odiada de lo que va del siglo XXI.

La alegría con la que celebraron la muerte de Víctor demuestra que no hay ninguna elevación moral en ser antitaurino. Que la vida humana no es un absoluto en la ideología animalista, y por tanto es una inmoralidad en sí misma. Que nos enfrentamos a gente capaz de buscar el perfil de la esposa de un torero para ponerle con risas las imágenes de la cornada, porque la moral ante la muerte no significa absolutamente nada. Mi recordado Juan Carlos Onetti decía que la vida era mierda, sin grosería, haciendo énfasis en la fisiología más primaria y baja, al comprobar que se vive en medio de una sociedad superficial y tonta, incapaz de cualquier esfuerzo de elevación más allá del piso básico. Las personas incapaces de cualquier simpatía por el humanismo, están reducidas a capas tan básicas de la fisiología como la mierda. Luego del Pozo, de las reflexiones y angustias, solo quedaba lo peor del mundo, subsistiendo para siempre en la estupidez, felonía e inhumanidad de algunas gentes: la mierda. La vida es mierda. Pero Víctor y Lorenzo le concedieron un sentido a sus vidas y muertes, algo para lo que los taurinos nos reunimos en ceremonia, sin alegrías inmorales por la específica muerte de nadie, dispuestos a ver un heroico sacrificio y no un funeral convertido en stand up comedy para las risas posmodernas.

Parafraseando, he de decir que si para algunos la vida humana no es un absoluto que debe ser respetado sobre cualquier diferencia, entonces el antitoreo es mierda.




Read More

martes, 15 de diciembre de 2015

Las mentiras en el video Otto el Toro




Siempre me causa una gris impresión la entusiasta capacidad de mentir en un movimiento de pureza ética como el animalismo. Cada mes los taurinos debemos soportar las ideas de algún planning morboso que siempre inventa alguna forma de ocasionar daños a la imagen de la tauromaquia con falsedades fantásticas, como si la grandeza de su acusación en contra de la tauromaquia no fuera suficiente (¿o porque no lo es?).

En el caso de diciembre asiste ante nosotros el vídeo de un risible torito de nombre Otto, de manufactura mexicana y sostenido en una complicada red de mentiras e infantilismos.

Es cierto que el vídeo de Otto parece dirigido a un público infantil, sobre el que desea una poderosa información de las corridas, pero también que su visión, embrutecida y lela, coincide plenamente con el imaginario animalista sobre la tauromaquia, el toro y el aficionado. Al final se tiene la sensación de un vídeo que parece más un monólogo del animalismo en sí que un vídeo nazi de propaganda dirigido a infantes.
Sin más preámbulos, y sin rebajarnos a poner el link del video para darle de comer a los animalistas, vamos a ver si los antitaurinos le dicen la verdad a los niños:


"Es un toro común, pero dicen que es de lidia para poder usarlo a su antojo"

No precisamente. El toro de lidia no es como los otros, por más confusión que pueda generar (entre quienes jamás lo han visto) el que tenga cuatro patas y dos cuernos, como un Wagyu japonés. Un holstein no es un Miura, ni puede serlo. El toro de lidia es llamado así porque resulta ser el único bovino que combate con creciente agresividad, sea en machos o hembras. Esta verdad incluso ha sido refrendada por la ciencia. Solo en este último año, dos facultades académicas han publicado sendos estudios sobre los cromosomas que hacen del toro de lidia un animal sui generis, y que conserva en su carga genética datos verificables sobre fenotipos y genotipos adaptados para la lucha, la agresividad o la bravura. Que el toro de lidia no es un toro común es un hecho aceptado.


"Lo golpean con palos para ver si se defiende por instinto y es bravo"


 ¿Los toros comunes se defienden ante una agresión de cualquier tipo? Esta es la pregunta racional que dimana si se acepta como verdad que Otto es un toro común. En todo caso, parece que el animalismo infantiloide no solo ignora todo sobre el toro de lidia, sino que al parecer también lo hacen sobre las razas domesticadas. El proceso de selección y condicionamiento, moldeado por siglos con paciencia, ha hecho de las razas cárnicas domeñadas algo muy similar a un apacible rebaño de ovejas. Es bastante difícil que un macho bovino de razas "comunes" responda a nada. Su nariguera cuelga como una candonga brillante para lucir como un símbolo del amansamiento. Incluso la palabra "bravo" se contrapone a la de "manso", solo porque el último es el animal que no responde ante la agresión. Si el toro de lidia es un toro común, pero los toros comunes no responden a la agresión, es bastante improbable que golpearlo con palos haga que se defienda, por lo que no podría ser llevado a corridas, ni existiría el toreo.

Por demás, decir que al toro se le golpea con palos en las ganaderías mientras un bate de béisbol sale a escena, solo puede ser calificado como una ruin mentira. Es totalmente falso y malintencionado asegurarlo.

Cuidado con la vaca lechera junto al torito. El lunfardo del bate está por sacar su tercer strike

"Le echan aguarrás en sus patas para que no pare de bailar"

¡Estas personas son dignas del siglo III! No pueden formular un sumario de argumentos sin que el punto que se toque sea una total contradicción del anterior. ¿Así que en la ganadería alguien se ensañó a batazos con el toro para demostrar que era bravo, pero se necesita "aguarrás" aplicado en las patas para que se mueva, ya que no es bravo y por ende no se movería por sí solo a luchar? Esta sofistería sería suficiente, pero nadie puede explicar cómo es que el aguarrás, un disolvente suave de pintura, puede ser capaz de tener un efecto constante que dure toda la lidia, para importunar las patas del común pero bravo pero manso animal. Si obviamos que la pezuña del toro no posee terminaciones nerviosas (es una uña hendida, grande y dura), aplicarle en hipotético caso el aguarrás tendría el mismo efecto del disolvente de esmalte cosmético en las uñas humanas: algo totalmente indoloro. En este punto debemos disculpar de esta estupidez a los animalistas: sus mujeres no usan maquillaje, ya que evitan cualquier cosa probada en animales. Ellas deben imaginar que sus pares no-veganas sufren una indecible tortura cuando remueven el esmalte de sus uñas. Otra ventaja del veganismo.
Desde luego no hay pruebas documentales que demuestren la existencia de esta aplicación en las pezuñas de los toros, más allá de los dibujos animalistas.


"vaselina en sus ojos para que todo sea sorpresa"

La obsesión antitaurina con esta ligereza es inexplicable. Como si ese "animal común" en realidad fuera peligroso, alguien jamás captado por una sola cámara aplica vaselina grasa en los ojos de un bovino con el fin de correr un tupido velo de niebla en ellos. El animal, como es obvio, va viendo el mundo a través de un cristal empañado, lo que facilita la labor al matador al momento de esquivar los cuernos. ¡Como si no fuera suficiente con ser un toro común, pero seleccionado a palazos como bravo, pero obligado a ser bravo con removedor de pintura! Algunos deberían contener su imaginación. No hay una sola prueba documental que demuestre el mito de la vaselina en los ojos. Tampoco queda claro cómo es que la acción de la grasa en la retina puede causar una visión borrosa constante, o como es que el toro embiste a caballos, muletas, capotes, banderilleros y toreros si es que de verdad no está viendo absolutamente nada. Sin una sola prueba que lo demuestre, ni racionalidad alguna a la vista, el mito de la vaselina en los ojos cae en el vacío. Incluso el famoso extorero Álvaro Múnera El Pilarico, ahora un antitaurino irredento, ratifica que es un risible mito.  (ver minuto 37:20 de este video)




CAPOTES ROJOS 

La siguiente imagen lo explica todo. Aunque el vídeo prosigue en una importante cantidad de falsedades (confundir el orden de los tercios; mentir que al toro se le clavan las banderillas en el cuello, incluso la pica, obviando la existencia del morillo), que ni siquiera se tenga claridad en algo tan fundamental como el color de un capote, explica que en realidad estas personas jamás han visto una corrida de toros en sus vidas. Sin embargo se creen autorizados a contarle a los niños de qué trata el toreo, un rito devenido desde la Grecia clásica que sin embargo se reduce para ellos en una carrerilla de animal con disolvente y vaselina para que las personas se rían, como en un chiste ligero.

Aquí se debe desenfundar el arma de inmediato para preguntar cómo es que alguien que tiene en tan poca consideración "la verdad" puede hablar de cualquier tipo de ética. Cuando se recuerda que no solo hablan sino que intentan imponer su visión de la ética, se torna más preocupante todo, por cuanto estaríamos nada más y nada menos que ante un fanatismo. El vídeo de Otto el toro, de inicio a fin, es una mentira.


¿Por qué mentir tanto?

¿Alguien podría creer en una denuncia plagada de mentiras? Es obvio que no, pero haría falta mucha ingenuidad para suponer que los animalistas pretenden denunciar, informar o hacer consciencia con esta clase de cosas. Para ellos es más rentable el direccionamiento de odio contra la tauromaquia, entre otras cosas porque de inmediato retrata al animalismo como un movimiento saludable por sí mismo, y desde luego dispuesto para la recepción de donaciones económicas, ya que el animalismo es un negocio multimillonario.

En el caso de Otto el toro la ONG y los realizadores se encargaron de hacer un clip donde la verdad no aparece en uno solo de sus segundos. Adoctrinar a los niños en el odio a las corridas, es decir, a los taurinos, es un efecto colateral en este ejercicio de extender la misma falsedad en distintos formatos. Ni siquiera cuando hablan de la muerte del astado, fundamento y centro del rito taurino, tienen la delicadeza de poner las cosas en orden y ofrecer los argumentos en torno al sacrificio. Para ellos, al toro se le clava una espada que mide un metro de largo (!) y luego se le corta la yugular previo arranque de las orejas cuando aún estaba con vida. ¿Acaso refutan de alguna manera la escala moral en torno a la muerte del toro, devenida de códigos caballerescos y estudiada por autores modernos como Palette-Cazajus o J. Aledón? Sería mucho pedir para un vídeo infantil. Y se dice "infantil" no precisamente porque sea dirigido a niños.


Read More

lunes, 28 de septiembre de 2015

Preguntas para Silvia Barquero



Sra. Silvia Barquero, presidenta del Partido antitaurino contra el maltrato animal, Pacma:

Cuando usted proclamó ante la prensa el inicio de la "cacería" contra el rito del Toro de la Vega en 2015, unió la frase a una declaración sobre el tiempo que PACMA llevaba actuando contra esta práctica: 10 años. Este, en particular, se presentó entonces como un aniversario redondo, saludado por una prensa cada vez más enconada contra el rito, esta vez calificado directamente como "bárbaro" en medio de un linchamiento mediático sin precedentes. Contra él se fletaron buses gratuitos para acumular manifestantes en Madrid y Tordesillas, mientras un inusual fenómeno de redes sociales exponía las peores xenofobias dirigidas a todos los habitantes de la pequeña población que acoge el Toro de la Vega.

Pero finalizado el torneo, muerto Rompesuelas, idos los torneantes y los activistas, usted deja de figurar en la prensa hasta el día de ayer, cuando se mostrara frente a Enrique Ponce en un formato de tertulia-debate sobre las corridas de toros publicado en la versión dominical de El Mundo.

Su silencio de varias semanas, ese paréntesis al parecer inocuo, no debe dejarnos indiferentes frente a lo que ocurrió entre el alanceamiento de Rompesuelas y la entrevista con el torero de Chivas. En su silencio, miles de caprinos y ovinos serían decapitados en el Eid al Adha, el rito musulmán cuya celebración sucede al central Ramadán para afianzar el pacto entre Dios y los hombres. Corderos, ovejas, reses lanares y demás, perecen degolladas en nombre de la salvación de Ismael, rescatado por un ángel en el último momento cuando Abraham, su padre, se disponía a sacrificarlo para demostrar su total sumisión a Dios. Para occidente esta historia no es desconocida, salvo que en el cristianismo Ismael recibe el nombre de Isaac. En ambos casos, el islámico y el cristiano, el episodio sagrado supone la piedra central misma del pacto entre Dios y sus hijos, es decir, el fundamento histórico de la religión. No es cualquier cosa.

En todo caso esto a usted le resulta desesperadamente indiferente. El animalismo es una teoría que solo funciona en relación a sí misma, sin considerar todas las vertientes culturales, religiosas o antropológicas que explican el sacrificio de los animales. Para usted, lo mismo que para miles de veganos, los matices referidos no son más que excusas de un relato general que trata sobre el sadismo contra los animales.

¿Cómo explicar entonces el silencio suyo y el de PACMA frente al sacrificio de miles de corderos en un solo día, mientras pudieron extender una potente campaña contra la muerte de un solo toro en un pequeño pueblo de España? Esta pregunta es pertinente a la luz de un hecho que al parecer usted ha omitido, no sé si por deliberación o ignorancia: el Eid al Adha sucede en España, tan cerca y lejos de Madrid como Tordesillas. Apenas semanas después y frente a su vergonzante silencio, las familias compuestas por el millón de musulmanes que habitan en España decapitarían tal cantidad de animales hasta teñir de sangre casi fluorescente los patios de las mezquitas nacionales. ¿Qué distingue a estos animales del Toro de la Vega, como para no emprender por ellos la campaña que llenaría a España de buses gratuitos, vídeos institucionales, prensa y redes sociales, acoso al PSOE, foros, debates, y cualquier cosa que supusiera la ocupación de espacios contra el Toro de la Vega o el Cordero de la Mezquita? ¿Por qué las corridas de toros son incluso motivo de su nombre, mientras los corderos, ovejas y hasta camellos son obviados sin más? Acaso pueda verlos usted misma:



Usted se presentó a sí misma en El Mundo como "la activista que de niña sacaba a los insectos de los charcos con un palito". Ante semejante simplificación de su empatía, capaz de conmiseración incluso con formas tan primarias como los insectos, se hace aún más oscura la pregunta sobre el silencio de PACMA frente al rito del Eid al Adha. ¿Acaso es temor por la violencia yihadista, por supuesto en despecho del supuesto heroísmo con el que los animalistas se muestran ante la opinión pública? ("Daría hasta mi vida por la lucha de Liberación animal, dijo alguien en Behind the mask). ¿Por qué no hay manifestaciones frente a las mezquitas como sí las hay frente a las plazas de toros, incluso en festejos donde no se sacrifican reses? ¿Temen unas condenas de las ciencias sociales, por ensañarse contra una minoría religiosa en pleno debate sobre los refugiados, las identidades nacionales y el multiculturalismo? De ser así, ¿por qué no hubo tampoco nada de su parte el año pasado, cuando el debate de los refugiados estaba oculto?
Y más urgentemente:  ¿Por qué no hubo una sola protesta, ni siquiera verbal, por el sacrificio de miles de caprinos y ovinos, si el animalismo consiste en la consideración moral de todo animal con sintiencia? ¿No experimentan placer o dolor los animales muertos en el Eid al Adha? ¿No concurren aquí las acusaciones contra la tauromaquia, como la muerte de un ser en estado de indefensión?

Contra la tauromaquia exigen la abolición. Contra el rito musulman, "extremar vigilancia", declaración facilista, sin compromiso de activismo

A todo esto debe volverse unos cuántos párrafos atrás, al momento donde el veganismo declara inválidos todos los matices que justifican el sacrificio animal, al solo entender la relación entre el hombre y los animales como ética. También sobre el heroísmo de los animalistas, esos seres evolucionados que se oponen a los azarosos peligros de la "amenaza taurina" en su contra; frente a los "bárbaros medievales" de Tordesillas, los muyahidínes modernos suponen una ventaja. Incluso hay que volver sobre la tesis de Houellebecq sobre el falso tratamiento de los musulmanes como ciudadanos de segunda, dignos de lástima sociológica y a los que se les permiten sus costumbres como un exceso de pintoresquismo. No protestar contra la decapitación de corderos es negar la inclusión de los musulmanes el consenso y el disenso multicultural, entre otras cosas.
 ¿Qué queda, señora Barquero?

Es decir, no hay ninguna razón para que usted y el partido político que dirige, omitan la denuncia contra el sacrificio de corderos en las mezquitas españolas, sin que esa omisión signifique al mismo tiempo la negación total de su propio discurso animalista. Al parecer hay "maltrato animal" rentable para el movimiento vegano: un toro en Tordesillas posee más peso específico que miles de corderos. Cualquiera puede ver que este cálculo es demencial desde el punto de vista moral, aunque para efectos del activismo vegano intentar impedir el alanceamiento del Toro de la Vega supuso la comisión de recursos cuantiosos a todos los niveles. Porque señora Barquero, ustedes no luchan "por los animales", en plural general, sino por los animales que les supongan ganancias directas en su capital político y económico. Esto, como comprenderá, no tiene nada que ver con el animalismo real, si es que tal entelequia existe.
Porque además nos obliga usted a llegar hasta ciertas conclusiones: el activismo antitaurino es un negocio, no una profunda convicción moral; de serlo, se protestaría más alto por el sacrificio de un cordero amarrado que por la muerte de un poderoso toro de media tonelada. PACMA no es un partido contra el maltrato animal: es un partido político, a secas, con toda la carga de interés e indignidad que ello acarrea. Las víctimas del sacrificio, ocultas pese a lo escandaloso de su sangre, no le importaron ya ni a usted ni a PACMA.


En este punto, alumbrados por la incoherencia animalista, por el vergonzante silencio institucional y el olor de la conveniencia, el falso heroísmo, el toro como víctima equivocada en el mundo general del animalismo, resuena una pregunta final: ¿Cuándo van a encadenarse en los patios de las mezquitas para boicotear el sacrificio del cordero?
Read More

martes, 15 de septiembre de 2015

Animalistas huyen al ver un toro



Unos 40 animalistas se interponen en la trayectoria del encierro. Confían en que el toro es indefenso, como tanto mascan una y otra vez en sus quejas. Si el toro resulta indefenso es obvio que el combate en su contra es una tortura. Si el toro es indefenso, desde luego que lidiarlo es una degradación moral. Si el toro es indefenso, deberíamos someterlo a la Ética del cuidado, que acoge a los seres que necesitan ser protegidos;...llegados a este punto, Rompesuelas, toro del Conde de la Corte, 640 kilos y pezuña recia, se planta a unos 20 metros de distancia frente a ellos. Es el toro más poderoso de la tauromaquia. Como decía Verdeguer, cada año se lidian 6.000 toros en España, pero solo uno puede ser el Toro de la Vega. Al verlo, como en un viejo relato griego sobre el Pánico, los animalistas huyen en desbandada  entre gritos y empujones. Una mujer cae al suelo sin que nadie la ayude. Los demás llegan a las talanqueras, en otros pueblos desatornilladas por animalistas que buscan ocasionar percances. Todos diluyen el tapón que formaron con sus propios cuerpos para impedir la realización del Torneo.



           

(El vídeo del Diario de Valladolid muestra el paso del toro. Pueden verlo dando clic aquí)


Algo se rompe en el relato animalista con estas imágenes. Incluso su propio heroísmo, con sus cuerpos puestos en medio del encierro, deja de ser tal y se convierte en una ridícula caricatura del miedo. Quizá en el momento en el que corrían hacia las talanqueras para ponerse a salvo, ellos hayan sentido algo del miedo primigenio del hombre cuando se puso ante las astas y creó la tauromaquia. Él fue hacia adelante, pero ellos huyeron hacia atrás, como las especies menores.
Momentos antes, otro animalista se había encadenado en la vía. Al conocer que el toro ya estaba suelto por el recorrido, él mugió de miedo con una voz quebrada, ante todas las cámaras de televisión que lo grababan en directo. "Esto es un intento de asesinato".

Así que los dudosos defensores del animal conocen empíricamente que el toro da miedo, que ante él se siente temor y no misericordia, y que puede matar. Constataron que la mitad de su ideología antitaurina se basa en supuestos de ensañamiento contra un animal que en realidad no existe.

La valentía es un valor positivo, y es lo que se cultiva en todos los festejos donde hombres y mujeres se ponen delante de las astas de un poderoso animal para torearlo. El trabajo de campo de estos animalistas en Tordesillas es una grandiosa contramuestra de lo dicho.

(Post data: si se quiere tener una visión veraz de lo que supone el rito del Toro de la Vega, recomiendo vivamente el texto del filósofo Martín Arias, El Toro de la Vega, Fiesta e ideología, que puede leerse en este link).
O bien aquí:  https://dl.dropboxusercontent.com/u/60156832/numeros_revista/Trama_y_Fondo_27.pdf


Read More

martes, 8 de septiembre de 2015

"No duele, ¡Es arte!"


Los antitaurinos recuerdan a los inquisidores, si es que no son su versión posmoderna: mientras creen ser portadores de la luz moral en un mundo corrupto, en realidad son capaces de las peores violencias, siempre en nombre de esa alta moralidad que pretenden imponernos.

Sirva un ejemplo: cada vez que un torero es corneado, no solo hay que aguantar el desfile de peores deseos contra el matador por parte de los antitaurinos. Su contradicción incluso les alcanza para el atrevimiento de ironizar.

Pero para el ejercicio de la ironía, decía Joyce, era necesario el concurso de la inteligencia: la ironía es una burla fina, sabia; provoca hilaridad antes que contradicción, y se caracteriza por el buen gusto. Todo esto no es común denominador de los antis.

Empecemos por algo: nos inclinamos a pensar que hay una brutal contradicción entre enunciar que el toro es un animal indefenso, pero a su vez celebrar las cornadas como si se trataran de goles en la final de un mundial. En cuanto un torero cae en el ruedo y la prensa amarillista prepara las fauces de buitre para explotar la noticia, los animalistas, veganos, antitaurinos, pacíficos habilis y demás fauna de la moral, dejan deslizar expresiones como "ojalá se muera", "denle el rabo y las orejas al toro", "ojalá sufra algo antes de morir" y, nuestro tema, "no le duele, es arte". ¿Pero cómo un animal indefenso puede herir al despiadado torero que lo atormenta, si ser indefenso consiste precisamente en la incapacidad de defensa? Es una pregunta tan difícil de responder como inquirir qué haría un toro con las orejas del torero, al carecer el bóvido de pulgar retráctil para coger nada, y mucho menos simpatía por la carne, al ser un herbívoro. Mientras el ser humano perdió su rabo al convertirse en Sapiens y bípedo hace 300.000 años, los antis siguen pidiendo que se le corte una extremidad vertebral al torero de la que hasta ellos mismos carecen.


En todo caso, la expresión "no le duele, es arte", es en realidad una inconsecuencia.

Los taurinos no creemos que la categoría de arte en el toreo enerve la capacidad de sentir dolor y placer en el toro, es decir, su sintiencia.
El toreo es arte porque supone la trágica coreografía entre un hombre y el toro, animal totémico y referencia central de un sistema de pensamiento muy antiguo. Quien no crea que el toreo sea dicha coreografía, vea este vídeo.

El toreo es un arte, aunque a veces no haya danza. También en él concurre el desgarro épico de las tragedias. Por ejemplo, la hazaña heroica del torero ante un astado ejemplarmente complejo y peligroso, produce una emoción estética a la que Valle-Inclán igualaba con el arte trágico.

Bajo el influjo de Nietzsche en su Origen de la tragedia, obra que revivió los estudios clásicos sobre Grecia, Valle- Inclán decía que Juan Belmonte al torear se transfiguraba en Apolo.

El toreo, decía José Bergamín, es un arte que debe verse de frente. La frialdad de los televisores dará una aproximación, pero nunca la experiencia. El arte, cualquier arte, se experimenta. Por eso existen los museos por encima de los catálogos.

Que el toreo sea arte no significa que supongamos el "indolorismo" del toro. Que se dance o se asista a una epopeya heroica en el ruedo, son datos estéticos, no morales ni mucho menos fisiológicos.



Los cordados, vertebrados, mamíferos y demás seres incluidos en dicho taxón, sienten. El toro de lidia y el hombre sienten, pero igualar su sintiencia como lo hace la imagen de arriba, es cosa de brutos.

Si el ser humano sintiera igual que un toro, tendría también sus hormonas. El sistema nervioso central no solo se compone por la capacidad de sufrir,como es el sueño de la piadosa ideología animalista. También lo hace de reflejos, condicionamientos y reacciones, todas determinadas a nivel hormonal. Igualar el sistema nervioso central de un humano con el de un toro, es, cuando menos, básico bestialismo.

Una vieja paradoja de la ética dice que el hombre no sabe nada sobre murciélagos. Ni porque se pusiera en sus zapatos, podría obtener el caudal hormonal, mental, consciente y físico, para conocer mínimamente lo que siente un murciélago al volar por los cielos en una noche con lluvia.

Si un antitaurino siente como un toro, está renunciando a varios millones de años de evolución y diferenciación. Cabría suponer que su sistema límbico es bastante primitivo para procesar algunas cosas: desde una misa de Bach hasta la sensación de un insulto expresado por la boca de otra persona. Sus reacciones hormonales al oler cualquier hembra en celo, también estaría condicionada por goteos constantes, entumecimiento de la entrepierna y apagón de las funciones neurológicas en la mitad de su cerebro. Como si estuviera comentando cornadas, exactamente.

Las hipofisiarias y adrenales de un bovino hacen que la experiencia del dolor en él diste de la nuestra. De hecho, cada reacción y sensación es distinta para cada especie.



Si los taurinos creemos que el toro reacciona a los estímulos doloros emitiendo betaendorfinas analgésicas, podríamos decir que el ser humano tiene un mecanismo similar en la emisión de adrenalina para impedir su colapso en situaciones extremas, como las largas caídas. Esta es la raíz de los deportes extremos.
Sin embargo, el toreo no es un deporte, y las hormonas humanas, como el mismo hombre, son incomprables.

El toreo es arte porque es arte, no porque al toro no le duela. Y al toro no le duele porque el toreo sea arte, sino porque lo dicen incontables estudios científicos cuya conclusión deriva en reconocer que el toro desarrolla una constante agresividad en el ruedo, aupado en la reacción hormonal que se desencadena ante los estímulos invasivos. Sin sus embestidas, no existiría el toreo. Sin su peligro ofensivo, no existirían las cornadas.

Por ejemplo, una frase cualquiera de dichos estudios, en los que la palabra Arte está ausente:

"La raza del toro de lidia es una raza autóctona española con unas características que la hacen distinta a otras razas bovinas (...)  Por ello, nos hemos planteado el estudio de diferentes parámetros hormonales durante la lidia, para valorar la respuesta que tiene el ganado bravo ante el estrés y el intenso ejercicio físico que supone la lidia. Para la determinación de las concentraciones hormonales se utilizó la técnica enzimunoenzimática EIA de competición en el caso de las hormonas cortisol, coritcosterona, testosterona, 17-beta estradiol, androstenodiona, triiodotironina y tiroxina. Para la hormona estimulante del tiroides se empleó el sistema EIA Sandwich. Tanto los toros como los novillos se clasificaron en tres grupos: campo, rechazo y lidiado.(...) A la vista de los resultados obtendios se observa que la lidia provoca un aumento significativo de las concentraciones de cortisol y de corticosterona, tanto en novillos como en toros. Respecto a las hormonas gonadales, la lidia completa también produce un incremento en los niveles de testosterona y de 17-beta estradiol en novillos y en toros; y de androstenodiona en los toros. En el caso de las hormonas tiroideas, los valores plasmáticos de T3 y T4 tienden a incrementarse con la lidia. La TSH aumenta durante la corrida en el caso de los novillos, y en el caso de los toros el incremento no llega a ser estadísticamente significativo. ".

Ramón Esteban Gavín, un científico español, presentó en 2002 un estudio a propósito de la Influencia de la lidia sobre los perfiles hormonales plasmáticos en el ganado bravo. De hecho, le llamó así a su trabajo.

La meta-encefalina bloquea receptores de dolor y crea un concepto físico llamado Umbral del dolor, presente en cada especie. El del toro, condicionado por siglos de evolución, sería un Umbral del dolor adaptado para la lucha en el campo y la plaza.
¿Acaso figura en lado alguno la tolda del arte? Aquí tampoco:

"Otra parte de nuestro estudio fue intentar conocer el umbral de percepción del dolor mediante la medición de los niveles de betaendorfinas en toros y novillos. La betaendorfina es un opiáceo endógeno y la hormona encargada de bloquear los receptores de dolor (nociceptores) en el sitio donde éste se está produciendo, hasta que llega un momento que se deja de sentir dolor".

(Fuente: http://revistas.ucm.es/index.php/RCCV/article/viewFile/RCCV0707330001A/22583)

Los umbrales de dolor, como los sistemas comunicativos o las funciones neuronales, son distintos para cada especie. A los toros no le duelen las cornadas de sus hermanos (pueden seguir luchando en el mismo sitio hasta que el otro toro pierda la batalla), pero al torero sí. Entiéndase a la luz de lo arriba expuesto.


Es evidente que al torero sí le duelen las cornadas. Por eso el toreo es un ejercicio para valientes, por más que se empeñen otros en negarlo. Sin ese valor, sin esa suficiencia para actuar, esquivar y danzar con un animal que produce cornadas tan grandes como el regocijo anti, no existiría el arte de torear. Sin embargo, el toreo no es arte porque al torero le duela, sino a pesar de que le duela.

El antitaurinismo todo evolucionado confunde fisiología con arte e ironía con sus aberrantes principios de regocijo ante el dolor de sus congéneres. Semejan a los brutos que, ante los patíbulos y cadalsos de la inquisición, arrojaban gatos muertos a los reos que agonizaban, tras ser condenados por "practicar brujería" con animales de Satán, como los gatos negros.

Alegrarse de la cornada de un torero es la renuncia a los principios de compasión ante el dolor, ética de avanzada y moralidad de todos los escenarios, que precisamente pretenden imponer en la sociedad. Si ni ellos mismos son capaces de mínimos éticos ante su propia especie, que por favor no pidan máximos éticos hacia todos los animales.  


Read More

martes, 1 de septiembre de 2015

Ruth Toledano y el machismo taurino


En su obra Las fronteras de la justicia, Martha Nussbaum ofrece una de las versiones más recientes de la teoría animalista. El contractualismo, o teoría del contrato, al fin se aplicaba al movimiento por los derechos de los animales, lejos de las aguas mansas del utilitarismo de Singer y el pantano radical del abolicionismo.

Aunque torciera algunos conceptos específicos de Rawls, como la racionalidad de los suscriptores de los pactos o el velo de la ignorancia, Nussbaum infundió un nuevo aliento al animalismo estancado por el corporativismo de las ONG y los escándalos por terrorismo del ALF. La introducción del tema no deja de ser diciente. Consta de un epígrafe extraído de la histórica sentencia en la India que concedía el estatus legal a los animales, como seres con capacidad de sentir dolor y placer (sintiencia) e intereses dignos de ser tutelados por la ley:

En definitiva, sostenemos aquí que los animales de circo [. . .]
son encerrados en jaulas sin espacio para moverse, sometidos
al miedo, al hambre, al dolor, por no hablar de la vida indigna
que han de vivir sin tregua, y sostenemos también que la notificación
impugnada ha sido emitida de conformidad con los
[. . .] valores de la vida humana y la filosofía de la Constitución
[ ... ] Aunque no sean homo sapiens, son también seres que tienen
derecho a una existencia digna y a un trato humano sin
crueldad ni tortura [. .. ] Por consiguiente, no solo es nuestro
deber fundamental mostrar compasión por nuestros amigos
animales, sino reconocer y proteger sus derechos [ ... ] Si los seres
humanos tienen derechos fundamentales, ¿por que no los
animales?
Nair v. Union a/India, Tribunal Superior
de Kerala, no 155/1999, junio de 2000

Luego, ella se extendió en su teoría moral animalista saltando desde el fallo del tribunal hindú.

"Los animales no humanos son capaces de llevar una existencia digna, como afirma el Tribunal Superior de Kerala".

Para Nussbaum, la declaración del Tribunal Superior de Kerala era una llamado histórico a la consideración moral de los animales, en reconocimiento de su capacidad de sufrir y la lista de intereses que pudiera florecer en su existencia: los animales, tienen interés no explícito en vivir, respirar, comer, ser libres, ver cumplir el programa genético de su especie y en garantizar su existencia sobre los voraces procesos evolutivos, donde gracias a la adaptación y la lucha solo el más fuerte sobrevive. El ejemplo Hindú era clara muestra de cómo estos principios, según los cuáles es de recibo tutelar con derechos los intereses que reclaman protección, sea de la especie que sea, tienen aplicabilidad legal y merecen extenderse hacia los animales.

Entre otras cosas, los animales no humanos en la India cuentan con un estatus legal que los protege contra el, así llamado, "maltrato animal". El histórico fallo de Kerala los blinda contra la utilización como alimento, entretenimiento e incluso tenencia. Lo anterior parecía solo hacer eco a la restricción cultural de comer animales en un país con 800 millones de vegetarianos. Sin embargo, la aplicación del fallo iba más allá, por cuanto hacía sujetos de derechos a los animales. Por ejemplo, un elefante puede arrasar cualquiera de las humildes aldeas que pueblan el valle del Indo, donde la miseria extrema campea. Sin embargo, la Ley impide agredir al elefante en defensa de los bienes humanos, incluso la vida misma.



Lo curioso, visto de forma estructural, es que Nussbaum en las páginas anteriores a su consideración animalista, había denostado al mismo sistema Hindú como regresivo y arcaico en lo que respecta a los Derechos Humanos y el estatus de la mujer en dicho contexto, al denunciar que ellas incluso podían ser usadas como propiedad inmueble:

"Consideremos a la luz de este argumento el caso de un país que no ofrezca iguales derechos de propiedad, por ejemplo, a las mujeres. (La India es un ejemplo de un país de este tipo.) [...]
La ley de la propiedad hindu sigue conteniendo grandes desigualdades:
atribuye a las mujeres participaciones menores y en algunos casos vincula la propiedad a consorcios familiares que impiden que una mujer pueda separar y controlar separadamente su parte en caso de abandonar la familia". (pág. 259 Las fronteras de la justicia).

En realidad, la denuncia de Nussmbaum contra el estado de los Derechos Humanos de las mujeres en la India, peca de benevolente.

El país que el animalismo exalta como evolucionado a causa de su animalismo cultural y legal, es el peor lugar sobre la tierra para ser mujer. De hecho, este país siempre es nombrado en el informe anual de Amnistía Internacional como el mayor violador de DDHH en el tema de feminicidios, accesos carnales violentos (violaciones), quema con ácido, pedofilia cultural y demás. La ONU ha condenado en múltiples ocasiones al sistema hindú y algunas ONG intentan exponer a occidente el drama que supone la condición femenina en la India.

Tan solo considérese unos de los flagelos sobre la violencia contra las mujeres en la India: este país ostenta el deshonroso récord mundial en la tasa de violaciones sexuales. Amnistía Internacional ha sido un histórico denunciante de una práctica que llega a cobrar hasta 24.000 hechos al año, es decir, más de 66 violaciones por día. Pese a los avances en materia jurídica provocados por la presión internacional, lo cierto es que el estatuto de la mujer en el sistema hindú sigue siendo por mucho inferior al de las vacas. Por ejemplo, esta semana vimos con horror la noticia sobre las dos hermanas condenadas a ser violadas por una infidelidad de su hermano. Esto se produjo en Uttar Pradesch, región donde se ubica el hermoso Taj Mahal pero donde también tiene lugar la creencia brahamánicas e hindúes más radicales sobre el estatuto de los animales como seres cuasisagrados, es decir, zonas ampliamente vegetarianas en su dieta y animalistas en sus creencias.

En definitiva, si hay un estado que puede ser catalogado como machista es la India. Desde luego, si obviamos particularidades, como por ejemplo, que en dicho país el homosexualismo sea delito, o la discriminación sea moneda corriente merced a un regresivo sistema de castas. Solo aquí cobra sentido la genérica frase de Gandhi: "un país, una civilización, se puede juzgar en la forma como trata a sus animales".

Vayamos al asunto:

Sin ningún estudio sociológico con pruebas empíricas que demuestre de forma fehaciente la relación estructural entre tauromaquia y machismo, Ruth Toledano sigue concluyendo que las corridas de toros son el detonante de la violencia contra las mujeres. Es decir, sin un solo caso analizado, sin ninguna tesis, sin pruebas de campo, sin estadísticas contundentes, sin relaciones sociales que conecten la corrida con el hogar, ni mucho menos testimonios de mujeres maltratadas por hombres taurinos o toreros, ella salta el método de estudio para concluir, aupada en una caricatura, una relación estructural.

Sería lo indicado retarla a que presente un solo caso, uno, donde se haya comprobado por vía psicológica, que un hombre maltrató a su mujer por causa de la tauromaquia. Aunque existen muchos estudios genéricos no elevados al rango de ley forense, donde dicen evidenciar el vínculo entre maltrato animal y maltrato a los humanos, lo cierto es que una generalidad no puede en ningún caso erigirse como norma absoluta, sin que por lo menos haya un estudio sensato que lo pruebe. Sensu contrario, también hay casos de animalistas que cometen violencia contra los seres humanos. Entre tanto, el animalismo solo posee un estudio donde las mujeres de Huamantla manifiestan sentirse más inseguras en su hogar durante las tradicionales fiestas de su pueblo. En ellas, los hombres no solo van a corridas de toros ni tampoco los corren, sino que están rodeados de unas fiestas patronales que involucran muchas más prácticas, por lo que es difícil deducir que la única causa de la inseguridad femenina, se derive de la tauromaquia.

En cambio, tenemos un país animalista que al mismo tiempo es el mayor agresor de mujeres en el mundo, si omitimos el drama de algunas castas y de los homosexuales. Sin embargo, esa arcadia de la moral no recibe una sola sospecha sobre la relación estructural entre animalismo y maltrato contra las mujeres. Por el contrario, el animalismo se muestra a sí mismo como una evolución histórica comparable a la lucha por los derechos de las mujeres, los gais y los afrodescendientes. Pese a que la violencia machista sigue asolando a la India, los taurinos no cometeríamos la imprudencia de caricaturizar la violación de alguna de las 66 mujeres abusadas en cualquier día de la India, junto a algún señor vegetariano cuyas convicciones profundas le llevan a pensar que los animales merecen consideración moral.

Pese a declararse hermanos de la lucha contra el sexismo, los animalistas siguen identificando a toreros, ranchers y cazadores como hombres de "pene pequeño", perpetuando el imaginario sobre hombría y virilidad que sustenta al machismo.
La tauromaquia no produce violencia contra las mujeres, ya que esta ocurre con independencia de las corridas de toros en países que ni siquiera tienen esta práctica cultural. ¿Cómo puede explicarse el machismo en países sin corridas de toros? Las tesis sobre la "pendiente resbaladiza" en el origen de la violencia no poseen tampoco rango de ley científica. En realidad, el origen de la violencia es más complejo, y se sigue extendiendo más allá de la agresión machista, incluso en la revictimización que hacen quienes instrumentan dicha violencia para utilizarla en provecho de sus propias convicciones y luchas personales. Esto es en realidad lo que hace el animalismo al relacionar la violencia machista con la tauromaquia.
Read More

domingo, 16 de agosto de 2015

Seis mentiras en el vídeo antitaurino de Canal Capital



El Canal Capital, televisión pública de todos los bogotanos, -incluidos los taurinos, esos molestos outsiders que también pagamos los impuestos que la mantienen-, lanzó con motivo de la celebración de Rock al Parque un comercial antitaurino bajo la campaña No a la sangre como espectáculo.

         


SEIS MENTIRAS SEIS EN EL COMERCIAL DE CANAL CAPITAL


1) "Por aquí salía el toro de lidia; se llamaba así porque había un tipo que tenía que lidiar con él"

Esto introduce una falsificación recurrente en el antitoreo: negar la existencia del toro de lidia al desconocer también su particularidad. Para el antitoreo, el discurso de la tortura solo sirve en función de un animal indefenso. De allí saltan a asegurar que los toros de lidia son un invento, y que en realidad los plácidos bóvidos resultan amigables mascadores de pasto, como Fadjen.  El torero sería así un despiadado que desgracia a un animal que no puede luchar, ahondado la inmoralidad del acto.

El toro de lidia no recibe tal nombre de su particularidad zoológica solo porque lo lidien. En realidad en él asisten distinciones del orden genotípico y fenotípico suficientes para hacer de su genoma una prueba aplastante sobre su naturaleza ofensiva. El toro de la corrida, concluyó la Academia, es una raza única, con cromosomas no presentes en otras razas y especies de bóvidos, con información genética relevante como para deducir, con algo de ciencia más que de ignorancia, que el toro de lidia se llama así por serlo, y no porque lo lidien.


2) "Vestido con lentejuelas, porque el tipo tenía que brillar con luz propia"

Aunque parezca un detalle inane, que los antitaurinos desconozcan la naturaleza del traje de luces dice mucho sobre qué es lo que realmente saben de la tauromaquia, un fenómeno que solo puede entenderse si es visto. La distorsión de la propaganda animalista ha extendido la especie de que el torero se viste con lentejuelas. Esto, naturalmente, ha producido un discurso homofóbico en torno a la incomprensión que rodea al fenómeno cultural.

Que la inteligentísima presentadora suponga que el traje de luces existe para "hacer brillar con luz propia" al torero, parece más el eslogan de un champú que una explicación informada al auditorio. En realidad, cualquier somera mirada sobre los estudios antropológicos de Patricia Martínez de Vicente, daría luces sobre cómo esta hermosa pieza de orfebrería tiene un sentido social que versa sobre la adquisición de dignidad de las clases menos favorecidas, que ascendían momentáneamente a la dignidad de señores en los ritos de los caballeros e hidalgos en la época de los Austrias. Curiosamente, tal empoderamiento del vasallo como igual al señor, es uno de los discursos en los que la izquierda encuentra mayor simpatía. En este caso, la ridiculización en torno al traje de torear, además de enmascarar un discurso homofóbico (¿Cómo se va a vestir un hombre con lentejuelas?), es un canto a la ignorancia sobre el fondo cultural de las corridas de toros.
Algo que también puede hacerse para salir de la docta ignorancia antitaurina en torno al traje de luces, es ver este trailer.

3) "Estaba el tipo acompañado por un caballo con un jinete, que tenía una gran lanza; esta gran lanza era clavada en el lomo del toro para humillarlo" (...) "luego salían unos banderilleros (...) tenían unas banderillas con las puntas así" [muestra un dedo alargado]

 Es bastante enojoso tener que desmentir tan meríficas exageraciones sobre lo que realmente pasa con el toro en el ruedo. La puya, según la bélica clásica, es todo lo contrario a una lanza: su función es la de parar o detener, por lo que se clasificaba como separada a aquellas armas arrojadizas que pretendían atravesar un cuerpo. Si una lanza atravesara el cuerpo del toro, quedaría inválido, quizá muerto, y no serviría para las siguientes fases de la lidia, donde debe enfrentar al hombre. Al toro se le pica para defender la cabalgadura, antaño sin peto protector, y también para lucir su bravura, pues el toro debe crecerse ante el castigo. La inexactitud sobre la longitud de los arponcillos también es muy diciente, puesto que nunca serán más largos que un dedo extendido y su función en el toro es la de avivar su embestida. ¿De dónde saca que el tercio de varas es para humillar al animal, si de hecho existe para exaltar su casta? El toro no rehuye la lucha y va al caballo en repetidas ocasiones según la dimensión de su bravura. En ese tercio, el público observa que el animal no sea manso y conmemora su poder frente a la lucha. Tan solo el día de ayer en Dax, Francia, una corrida de Pedraza de Yeltes encontraba la apoteosis con un toro que hacía honor a su estirpe al embestir con bravura a la caballería en distintas ocasiones.
Pero lo realmente mentiroso en esta descripción del toreo, es que obvia deliberadamente dos cosas fundamentales: el toreo de capa y el toreo de muleta. En estos actos, que de hecho ocupan la mayor parte de tiempo en una lidia, el hombre solo tiene un trozo de tela y con él debe crear una coreografía usando para tal fin la embestida de un toro que intenta matarlo. Por esta creación estética se conoce al toreo como un arte. El vídeo, al obviarlo, ignora la riqueza estética de las corridas de toros hasta el punto de hacer parecer todo una lucha digna de martirologio para los santos toros.

                     
                          

                          

                          

4) "Había un tipo que se sentaba aquí (...) cual Nerón en un coliseo, daba la orden de matar al toro"

Mi favorita. El Coliseo fue construido después del reinado de Nerón, el clásico déspota que sentía limitada simpatía por los juegos de circo, aunque eso no le impidiera ser un sádico real con los humanos. Por ejemplo, el incendio que este demencial inhumano provocó en Roma, también pasó por encima de los estanques donde décadas después se levantaría el reconocido y monumental Coliseo. Si este César se hubiera sentado en el Coliseo, como dice la presentadora, en realidad hubiera flotado en una laguna artificial. En todo caso, en las plazas el presidente no ordena la muerte del toro. Su jurisdicción solo llega hasta lo contrario: ordenar que no se mate al animal bajo la gracia del indulto, que es pedido por el público para los toros con ejemplar bravura, digna de ser preservada en la tutela de semental que se le asignará al salir victorioso de la corrida.
La escaramuza mendaz solo sirve para establecer la ignorante relación entre circo romano y corrida de toros. En la corrida no se conmemora la muerte humana, a diferencia del juego de circo antiguo. Tal diferencia no es sutil. La corrida se trata, precisamente, de lo contrario al circo: el hombre debe sobrevivir. Los espectadores del toreo no encuentran regocijo en la sangre, puesto que el toreo está codificado de tal forma que la agresión desproporcionada al toro quita el honor al torero. ¿Cómo pudiera ser que el desacierto en la espada genere el rechazo de un público que supuestamente goza con el sufrimiento? Seguido, los espectáculos con animales en el Circo romano eran menos frecuentes de lo pensado. Se servía la destrucción de especies endémicas de los territorios conquistados, para conmemorar la victoria del imperio. Las luchas de fieras contra esclavos indefensos, coinciden más con el deseo antitaurino que con la realidad de la corrida.



5) "Salían unos señores que eran los monosabios y arrastraban el cuerpo del animal por toda la plaza. (...)Mono, por uno; y sabios por a lo único que los tipos sabían hacer (sic). Afortunadamente estas personas desarrollan ahora tareas más nobles"

Otra genial intervención en los límites entre la ignorancia y la insolencia. La presentadora confunde a los monosabios con los mulilleros, personas estas encargadas de arrastrar los restos mortales del toro. Precisamente están allí para garantizar un trato ritual y puro con los restos de un animal que la cultura taurina considera como sagrado. El toro de lidia no puede salir de cualquier forma; lo lleva un tiro de mulillas engalanadas ricamente, como si al animal se le diera un trato funerario. De hecho lo es:


Por el contrario, los monosabios son ayudantes que mantienen la arena en condiciones óptimas para que los animales, sean caballos o toros, no se rompan las pezuñas. También limpian el ruedo y se someten a la heroica empresa de defender la cabalgadura en caso de que el picador la pierda. Si un caballo de pica cae a causa del indómito ataque del poderoso toro, quienes levantan al caballo son los monosabios. Su nombre no viene del insulto escupido por la presentadora: hace eco de unos monos o micos que hacían labores con tanta agilidad y destreza, lo mismo que minucia y gracia, que el movimiento de los peones por la arena para salvar caballos los recordaba.
Distinto a lo que dice la presentadora, la Alcaldía de Bogotá no se preocupó por el desempleo generado a causa de la prohibición de las corridas en 2012. En el fondo, no tienen idea de las penurias económicas que han pasado las miles de personas humildes que dependían de la temporada para obtener sus ingresos con una actividad legal y de la que aprendieron oficio.
Solo, a modo de humillación por la forma en la que lo expresaron, le ofrecieron a los toreros ser barrenderos y recolectores de basura.

6) "Allá se hacían 20.000 personas que bebían, celebraban y reían de la muerte del animal"

No contenta con inflar en 5.000 la capacidad de la Santamaría en un alarde de profundo conocimiento sobre el coso, la presentadora extiende uno de los mitos más celebrados en torno a la tauromaquia: que el taurino va a la plaza para emborracharse. Imaginar cualquier multitud -incluso antitaurina o imparcial- de 15.000 o 20.000 personas beodas en un recinto cerrado, supondría un problema de orden público descomunal. Las calles colapsarían, se sucederían las peleas en torno a la plaza, se destruirían inmuebles y los antitaurinos sufrirían una violencia casi mayor a la del toro atravesado por lanzas y luego arrastrados por monosabios tras el beneplácito de Nerón. De hecho, es imposible que exista una multitud ebria que a su vez no genere perjuicios significativos para una ciudad.
En realidad la manzanilla, clásico acompañante de la bota taurina, es un inofensivo licor con menos de 1% ABV, o sea, habría que beber docenas de litros de esta sustancia si quiera para sentirse un poco mareado. El toreo no gira en torno a la consumación de licores y las personas que asisten a la corrida, no lo hacen para usar la plaza como cantina pública. El desorden de personas estropeando la vista para dirigirse a los baños, los ruidos propios de la irreverencia alcohólica, y demás manifestaciones que concurren en la felicidad de la embriaguez, raramente pueden coincidir con el silencio, la quietud y la concentración del público taurino. Quien haya ido a una corrida en la Santamaría, sabe de lo que aquí se habla.
Lo de reír de la muerte del toro es quizá la mentira más demencial en esta pequeña comedia de salvajes falsedades. La muerte del toro es precedida por un silencio exigido al espectador: para que el torero se perfile a matar, todo el mundo tiene que estar callado. Por otro lado, ¿por qué no hay un solo vídeo de 20.000 risas estallando en el momento en el que el toro es muerto? De las miles de corridas grabadas en la historia desde que existe el arte del cine y la industria de la televisión, estocadas incluidas, no existe tal cosa como risas pregrabadas de talk show al momento de la muerte. Es imposible. La muerte para el taurino es el centro del ritual, pues supone el sacrificio digno de un animal que no merece ser abatido en la oscuridad de los mataderos. El torero debe ofrecer su vida para matar al toro, pues se lanza entre los pitones para poder clavar el estoque. Las recurrentes burlas en torno a los toreros corneados, pueden dar una idea a los antitaurinos de qué tan letales pueden ser las astas del animal, como para que se tomen en serio esto de la estocada.
El día que un espadazo sea celebrado con risas en una plaza, los taurinos dejaremos de ir.



¿Y qué resta al final? El mérito del vídeo es que su guionista halló a la persona indicada para presentar esta sarta infamante, afrentosa y desconsiderada de falsedades en torno a una minoría que vive en Bogotá la persecución oficial de la Alcaldía. El reclamo contra la sangre como espectáculo obvia que las riñas de gallos ocurren en la ciudad semanalmente, sin que la alcaldía ni el animalismo con contratos suscritos con Petro, hagan nada. El tono del comercial es altamente desconsiderado, rayano en el desprecio y el odio; infunde mentiras y se solaza con un tema que lleva tres años ausente en la ciudad. A pesar del mandato de la Corte Constitucional en su sentencia T 296/13, la alcaldía sigue sin mantener el principio de imparcialidad en la función pública en torno al tema de los toros.

¿Pero cuál es la urgencia de producir un comercial de propaganda negra contra los taurinos? Entre otras cosas, la Alcaldía había expulsado a los toreros que practicaban de salón en la Santamaría, aduciendo que la plaza presentaba grave riesgo de colapso, exponiéndolos con esta medida a la constante agresión en los parques donde deben practicar ahora. Aunque se supone que la plaza está en intervención estructural por una empresa que ganó la licitación, se ve que no es óbice para que dentro de ella Canal Capital produzca un comercial dirigido contra una minoría cultural presente en la ciudad desde 1551 hasta nuestros días. Es, desde luego, el ahíto de la corrección pública, su producción diaria de demagogia en la propaganda,  la moralina que se escandaliza por el león cazado y no por los 12.000 niños portadores de VIH en derredor al felino, hasta entonces indiferente para la trama global. Si como dijo el filósofo catalán Gómez Pin, para el PIB mundial tiene más peso un gato parisino que una familia africana completa. Lo trágico, es que ya hasta el león cazado en Zimbabue tiene más peso en el escalafón de la indignación moral que los 39.000 niños muertos anualmente por desnutrición en dicho país, que además está en el último lugar de la medición de la Unicef sobre esperanza de vida infantil en todo el mundo. Algo paralelo sucede en Colombia con el tema de la tauromaquia en contraposición a los reales dramas de la nación, como, por ejemplo, la desnutrición infantil en La Guajira, que mata niños semanalmente. Desde aquí, es evidente, solo podemos extender falsedades contra la diferencia, aquella que no puede entrar en la trama de corrección de aquella aparente y espontánea sensibilidad moral, si es que puede decírsele así a la actitud que obvia la gran estela de mortandad infantil en despecho de un león, o de un toro.
Read More

Anuncios

Seguidores

Author

Mi foto
En el año 1988 Maníli abría la puerta grande de Las Ventas de Madrid en la corrida de Miura. También nacía yo. Amante de la tauromaquia, el cine, la literatura y el rock. Sigo con obstinada fe la certera evidencia de la frase de Lorca: "Creo que los Toros es la Fiesta más culta que hay en el mundo".