domingo, 13 de octubre de 2013

Marcel Proust en los toros


En otoño de 1889 tuvo lugar en París la famosa Exposición Universal que conmemoró el centenario de la Toma de la Bastilla, celebración que estuvo adocenada por la inauguración de la torre Eiffel. Para tal acontecimiento, España presentó entonces una corrida de toros, concurrida hasta el punto de ser presenciada por Marcel Proust desde un balcón del Hotel Ritz. Cuenta Adrian Shubert que fue tal el éxito de la corrida en París, que se hicieron 20 festejos más en dos plazas distintas (la cercana al Ritz, y otra colindante al Quai du New York) donde destacó la divisa del Duque de Veragua en todo el serial. La Plaza Vendôme, que daba festejos diarios, tuvo entonces la gracia de tener como espectador exiliado en su balcón al escritor más grande de todos los tiempos. Alternarían Reverte, Tortero y el francés Boudin «Pouly III» ante toros de Romero Balmaseda.

De esto no me hubiera enterado de no ser porque el mismo Proust lo dejó contando para la posteridad,en carta dirigida a su imponderable Laure Hayman (nieta del famoso pintor inglés, propietaria de un importante salón en París, y musa de la cual Proust tomaría algunos rasgos vertidos en Odette de Crécy). La carta puede encontrarse en Correspondances de Marcel Proust a Mesdames Laure Hayman et Louisa de Mornand. Dejo algunos apartes:

«Los matadores semejan hijos del mar. Como las Nereidas, uno tras otro emergen de las profundidades de la noche; sin embargo, mientas las diosas conservan su camino de retorno, los maestros parecen haber perdido el hábito de regresar. Hay en ellos, excepto en nuestro compatriota Boudin, por supuesto, algo pesado, rotundo, casi pesado, que revela su origen oceánico, la naturaleza marina de estas criaturas doradas».

«Desean convertirse en pura forma, pero sus movimientos, en vez de ser amables, como seguramente habrán de ser los de los ángeles que el Giotto suspendiera en los cielos de Padua, son movimientos descompuestos por la fatiga y la transpiración. Aunque ellos lo ignoren, el animal que matan los tiene atrapados».


Cuestión de voluntad poética la apreciación de Proust sobre la estampa de los toreros, sin duda, como también su intento de ir un paso más hacia la profundidad, captar la intención del toreo, y echar de menos la gracia en los movimientos; en fin, la circunstancia a la que debió someterse Proust fue a la de asistir 10 ó 15 años antes de la revolución belmontina a una corrida que aún no era arte, pero que empezaba a despertar y reptar hacia allí. La intuición, como puede llamarse a la queja de Proust, cuajaría con el tiempo en la revolución estética de Juan Belmonte, la tauromaquia como arte, el toreo de capote con movimientos amables, Curro Romero, Bienvenida, El Viti y finalmente José Tomás y Morante; el siguiente video narra de manera épica esa edad, ese desarrollo estético que Proust echó de menos, al ser testigo solamente del bravo toreo de piernas:

                        
El toreo from Por Siempre Toreo on Vimeo.

 Épico. Sigue Proust, con la impresión que le causó la muerte ritual del toro:

«Entonces el animal comenzó a hundirse, a deslizarse hacia un abismo cuya sima, solo en ese instante, nos estaba vedada. Aquel cuerpo precipitado no podía detenerse, ni era capaz de sostener su pupila. Alcancé a verlo mejor: ya no miraba, y, no obstante, había allí, en el rincón de esa pupila, una luz legañosa que provenía de adentro, de ese sitio, en el fondo, donde el dolor orgánico se transforma en resplandor».

 Es bastante improbable que desde el Ritz Marcel Proust pudiera inquirir incluso en las pupilas de un toro lidiado a muchos metros de distancia, por lo que su texto debe entenderse como una representación poética de su propia impresión: la transformación de la muerte del toro en otra cosa. De hecho este evento sentimental fue el que llevó a Proust a escribirle a Hayman sobre la corrida en una carta que también trataba del  l'affaire Dreyfus, lo que delata la grave importancia de los hechos para el escritor. No se refería entonces a una realidad física observable, sino a la capacidad del toreo para transformar la muerte del toro en otra cosa "donde el dolor orgánico se transforma en resplandor". La transformación aludida es la esencia de la muerte ritual del toro que sustenta la tauromaquia, cosa que Proust también intuye de manera sorprendente a la luz de su posición profana, y desde un balcón.

Finalmente dice:

«Si el tiempo está contra nosotros,esto, que los españoles llaman corrida, está contra el tiempo».

Cualquier interpretación sumaria y acomodad puede apuntar a que Proust está declarando la caducidad histórica del toreo. Sin embargo, la palabra tiempo, y el sentimiento de identificación del humano ("si el tiempo está contra nosotros") con la tauromaquia ("esto, que los españoles llaman corrida, está contra el tiempo"), dicen precisamente lo contrario. En fin, solo un seguidor de Proust puede escarbar sobre el sentido de la frase, uno que recuerda al final de su inmortal saga:


Hombre y tauromaquia están contra el tiempo, luchando como el Angelus Novus de Paul Klee que Walter Benjamin reseñara con gran acierto para la posteridad. Estar contra el tiempo no es lo mismo a estar fuera de él, con lo que el anacronismo se distancia de este sentido: el toreo entonces es una forma de conseguir lo mismo que Proust buscaba al encerrarse por años para escribir su saga: un sentido perdurable por encima del tiempo, y que como tal, necesariamente ha de entrar siempre en contradicción contra el tiempo; un sentido, pues, perdurable como arte y muerte, él mismo desaparición y gloria. Para mí el toreo y Proust son eso.



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martes, 8 de octubre de 2013

Antonio Ferrera y la tauromaquia como lidia



Dice Ortega y Gasset en sus imprescindible La Caza y los Toros:

"Lo que más me diferencia de los de hoy es que ellos hablan de este o del otro toreo y con ello se refieren al modo de ejecutar una docena, o muy poco más, de suertes, unos cuantos lances de capa y unos pases de muleta. Como veremos, esta retracción y angostamiento de sentido falsea ya de partida toda discusión sobre si ahora se torea mejor o peor que antes. La falsea porque aísla esas pocas suertes, arrancándolas del conjunto que es una «corrida de toros»; por tanto, convirtiendo en algo separado y abstracto lo que solo tiene su auténtica realidad como una y solo una de las cosas que pasan y hay en una corrida de toros. A mí me asfixia oír hablar así del toreo, porque estoy acostumbrado a respirar una realidad vastísima, amplísima, enorme, que es precisamente la corrida de toros. Hace cincuenta años no se llamaba torear a lo que hoy. Por torear se entendía —defino otra vez el significado de un vocablo— hacer y padecer todo aquello a que da ocasión cuanto acontece en una plaza desde que el toro sale del toril hasta que se lo llevan las mulillas. Y es su sentido más natural, a saber, habérselas en todas las formas con el toro en ese breve espacio en que culmina su ser—el tiempo en que permanece en la plaza. Pues si se habla de toreo de campo es para subdecir que no es propiamente toreo. "(Obras completas, tomo V, pag 672)

Las 3 actuaciones de Antonio Ferrera este año en Madrid hacen eco de las consideraciones del filósofo español: la tauromaquia entendida como algo que se extiende más allá de las series de capote y muleta. Hoy, ocurre por desgracia que todo está reducido al último tercio, y ni siquiera a todo, pues la estocada ya no es vista con la misma fijación ritual que antaño. Por otro lado, a menos que el actuante se llame Morante de la Puebla,  el toreo de capa es cada vez más un sucedáneo de tránsito, cuando antaño era un riquísimo mundo, incluso más largo que el toreo de muleta, por cuanto estaba fuertemente adherido al tercio de varas, lo que implicaba suertes de quites para alejar al toro de la caballería, del picador, usar la lidia para volver a ponerlo en suerte, y además, los tercios de quites para reñir con los otros toreros.

(Ver video desde 1:07:00)

                                

Ferrera socava todas esas pretensiones actuales de ir reduciendo el toreo a una muleta sin muerte: se habla entonces de su toreo de capa, su lidia, y la naturalidad que está logrando con la muleta, una que recuerda a Juan Mora, con todos los relieves y abismos de un toreo que ocurre despacio, de perfil, en redondo, y con la sensación de tener un control total de los terrenos y distancias, con una clara evocación  que le hubiera gustado llamar geométrica a Ortega y Gasset. Ferrera entonces ha hecho algo impensable hasta para él mismo: pegar el mejor natural del año el 2 de mayo durante la Goyesca en Madrid*, y también ser el único torero que ha hecho rugir a las Ventas desde el primer lance, siendo una plaza que solo se manifiesta tímidamente desde el segundo capotazo; esto lo hizo cuando sacó por verónicas y luego por chicuelinas al toro del caballo, como debería hacer siempre un maestro que intenta domeñar al toro.

Otra cosa es su gusto enfandilado por las banderillas, el número del capote-choza en la mitad del ruedo, o el espantoso traje del 2 de mayo: desde luego cosas sin importancia al lado del natural o aquella chicuelina que hizo rugir a Las Ventas mientras el toro salía del caballo y era mandado en su embestida, sin probaturas. Tauromaquia como lidia, añadida a que este hombre no se anda de marine en puerto: es torero de corridas duras.

*Nota: sobre el natural, se ha querido acusar a Ferrera de torear tomando la muleta desde un extremo del estaquillador, lo que por supuesto aleja la embestida del cuerpo e insinúa el pico; pero no hay que olvidar que lo hace sin ayudado, esto es, con un engaño más pequeño, conocido como "la muleta de Antoñete"; el maestro también asía la muleta desde un extremo, sin ayudado, y toreando a los vuelos; cualquiera puede comprobar que el toro se ciñe al cuerpo del torero cuando se torea así:


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Juan José Padilla, el héroe


Hace dos años nació un héroe. No hay una palabra más apropiada para definir a una persona que se plantea la titánica labor de volver a ponerse en la cara del toro, tras sufrir un espantoso accidente del que ha salido sin un ojo, con la mitad de la cara acusando parálisis,  la mitad de su audición perdida y, por si fuera menos decir, con la mirada acusatoria del mundo sobre su media ceguera. Si pararse frente a un toro para torear es una labor heroica, hoy tan incomprendida como difícil, hacerlo tras la terrible cornada de Marqués acusa algo de grandeza, cosa que cualquiera debería reconocer, así se esté desde una posición contraria a la tauromaquia.

Dicen sobre la película De Brau Blau:

"Pies de pasos contados a un bailarín, cuerpo disciplinado para esperar en calma total la primera embestida, mano exacta para una estocada hasta la empuñadura. La búsqueda de la perfección estética de un hombre solo, austeridad y pureza, ausencia de claveles y pasodobles, José Tomás en el pensamiento."

 Se referían a un hombre (el protagonista, de quien desconocemos su nombre) obsesionado con el toreo, que emprende un camino interior para enfrentarse al final del filme con un toro azul que él imagina; hasta tal momento, su camino de disciplina y espiritualidad se puede revelar como insoportable para cualquier castizo normal de la aldea posmoderna, renuente a los retos, las transgresiones,o  las verdades profundas que entrañan una problemática, ni más ni menos la vida y la muerte, el dolor, la heroicidad, la batalla sobre uno mismo y contra el toro;  a dicho protagonista, no le dolía tanto la inexplicable herida de su pierna que debía arrastrar mientras llevaba rocas pesadas en una carretilla, como sí le dolía no poder dominar el arte espiritual de torear. Aquel hombre es como Juan José Padilla. 

              

–¿Ha merecido la pena todo lo que ha pasado Juan José Padilla?
–(No duda a la hora de responder). Sí, ha merecido la pena. El sufrimiento es parte de la historia de un hombre y de un torero. Y cuando me miro al espejo cada mañana lo hago con orgullo. Y le doy gracias a Dios por poder afrontar la vida así. Todos los días tengo motivos para estarle agradecido. (Entrevista en el ABC)

De repente, el torero tremendista que antes fuera, no necesita explicarse en las entrevistas tras la cornada, aunque hable en la del Loco Quintero, o en la nota del The New York Times, ambos documentos imprescindibles; no lo necesita, pues su sola presencia en el ruedo frente a las astas del toro logra explicar la verdad: para socavar las acusaciones de ser un asesino, y también aquellas alegrías que despertó en los antis su cornada, Padilla se pone enfrente del animal de su desgracia para explicar que el toro y él son actores reales de una tragedia a la que no se le puede tachar de inmoral, pues por sí misma constituye una moralidad: la del héroe. No hay asesino, hay un héroe que se le llama matador por claras distinciones léxicas; tampoco hay taurinos sedientos de sangre en los tendidos, pues nadie sufrió la cornada como aquellos espectadores de Zaragoza que salieron perturbados y  tristes y decaídos de la plaza, mientras la antitauromaquia empezaba a comerciar con la violencia de las imágenes en nombre de una falsa idea de la justicia o el karma, logrando que el vídeo de la cornada fuera el más visto en la historia de los vídeos relacionados con la tauromaquia, en un curioso giro donde los acusadores emularon a los acusados de supuesto sadismo. 



No hay pues asesino, hay un héroe capaz de sacar casta, como el toro, como la vida ante la muerte y la muerte ante la vida, asunto este tan serio y fundamental que no cabe explicar más sobre su importancia en una época como esta, donde el bueno es quien se alegra en la frontera del morbo por la desgracia de un hombre, y el malo quien ejemplifica para toda la comunidad un valor, en ambos sentidos del término:
                               









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lunes, 7 de octubre de 2013

El Juli, 15 de 30, el documental

Documental completo que conmemora los 15 años de alternativa de El Juli, en una impecable realización audiovisual de Canal Plus Toros. Más allá de parecer un publirreportaje, el documental explica una carrera que se guste o no ha marcado una tendencia taurina en la historia reciente, por lo que verlo es más que recomendable:
                           
                                 

El Juli en La Santamaría de Bogotá

¿Algo queda claro de su tauromaquia después de todo esto? Su capacidad para meter los toros en la muleta es innegable; algunos confunden lo anterior con "poder", lo que aquí prefiere llamarse sencillamente como "ligazón", y a esta como la capacidad para dar continuidad a la embestida de manera que se reúna todo en la serie de muletazos. El Juli es el torero que más y mejor ha ligado en la historia del toreo, en 15 años. ¿Pero ligar a quién, cómo y a qué precio? ¿Queda claro que la pregunta del toro siempre flota en la tauromaquia del diestro de Velilla? ¿Puede haber ligazón en equilibrio con la bravura, y no en detrimento de ella? Por desgracia, El Juli está cada vez menos interesado en responder esas interrogantes. Con esto, se enfrenta a un principio eterno en la historia del toreo: cada verdad dicha, debe confrontarse con el toro, y con el máximo toro posible, pues en la tauromaquia, no hay otro modo de saber una verdad, si no es pasándola por el toro. Bajar la mano a puntos irreales, ligar la mitad del mando hacia afuera, matar de Julipie...¿todo esto puede significar algo en una historia de siglos?
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sábado, 5 de octubre de 2013

La resurrección de El Cid, faena para la historia del XXI

Dice José Ramón Márquez en su grandioso blog:

Grande. Muy grande. Así es el toreo que se basa en la verdad, el toreo que nos enseñaron y que machaconamente la crítica seria trata de convencernos de que ni es posible ni lo hemos visto. Grande Manuel Cid hoy en Las Ventas con el único argumento posible que un hombre puede poner sobre la arena de una plaza de toros: el toreo. Todo lo que uno busca en una plaza de toros lo ha traído esta tarde Manuel Cid a la blancuzca arena de la monumental: la naturalidad, el gusto, la entrega, la torería, el mando, el conocimiento, el clasicismo. Todo ensamblado gracias a una muñeca prodigiosa y a la firme decisión de no ceder la posición, de echar la muleta a la cara del toro, de llevarle toreadísimo, atado a los vuelos de la muleta, de rematar los pases de manera canónica, demostrando la veracidad del aserto de Rafael el Gallo cuando decía que «lo clásico es lo arrematao, lo que no se pué hacer mejor». Inmejorable Cid empeñado en arrematar su faena y en darnos un fresco vaso de agua clarísima a los que llevamos años vagando en el desierto de la vulgaridad, de las ruedas de molino, de los hallazgos graciosos que sirven para enmascarar la incuestionable verdad del toreo eterno, del toreo que Manuel Cid ha traído hoy a Las Ventas con el fin de enseñar al que no sabe, de desenmascarar a los que mienten de forma interesada, confundiendo a las gentes, haciéndoles ver que el toreo es otra cosa distinta a esto de hoy.

La faena de Manuel Cid de hoy en Madrid será dentro de muchos años una referencia incuestionable para jóvenes aficionados que hayan tenido la suerte de verla con cierto conocimiento de causa. Esos jóvenes abandonados a su suerte a los que se tunde diaria e  inmisericordemente de embustes sobre qué es el toreo y sobre cómo se ejecuta, hoy habrán caído del caballo y en su experiencia de aficionado tendrán una firme referencia del más sencillo y elegante clasicismo, sin alharacas, sin postureo, sin manoletinas, sin la basura del arte, sólo con la verdad que se expresa con la muleta en la izquierda, el estoque en la derecha y el corazón en medio.
 (Ver la faena desde 1:11:13)

                                 

                      
'El Cid' pierde la Puerta Grande; oreja para Fandiño from Plaza de Toros de Las Ventas on Vimeo.

El cuarto toro de la tarde, toro de Victoriano del Río, Berbenero (sic), número 79, castaño bociblanco, era un rato feo; un toro de cara avacada, alto de cruz y descolgado, veleto, de descomunales defensas enfundadas que tapaban un poco la fealdad del bicho. El bicho cumple en varas medianamente. Manuel Cid le hace un impresionante quite: dos delantales y una larga donde templa perfectamente la embestida del castaño y luego otro con cuatro verónicas y una espléndida media, sevillana y abelmontada, echándose el capote a los riñones en el remate. Magnífico trabajo de capote calibrando las condiciones del toro y enterándose de los terrenos, las distancias y las condiciones del Berbenero.

Luego principia la faena directamente con la que antes se llamaba «la mano de los biyetes», en el mismo terreno donde el toro se le entregó en los delantales -que Cid piensa en el toro y sabe de terrenos- en una impresionante serie de verticalidad ascética en la que mueve al toro perfectamente toreado, embebido en el vuelo de la muleta, resolviendo cada muletazo con la reciedumbre de la prodigiosa muñeca de este gran torero. «Mano de acero en guante de seda», le dijeron a Domingo Ortega, y hoy Cid, purísima claridad, línea clara de la verdad del toreo, trazó sus muletazos poderosos en esa primera serie como quien bendice, sin imponerse con violencia al animal, sino dejándole la ilusión de que eso es sólo un juego. Luego viene otra segunda serie de naturales que no baja en intensidad, en el mismo terreno, siempre a la distancia adecuada, siempre la muleta por delante, en la que reitera nítidamente los mismos argumentos basados en la verdad, en hacer ir al toro por donde no quiere, negación de la asquerosa seudotauromaquia que nos tratan de colocar todos los días, a todas las horas.


Con la plaza rugiendo, en el mismo terreno, Manuel Cid busca la distancia y vuelve a citar por naturales prolongando si cabe aún más la embestida, rematando perfectamente cada muletazo. En esa serie su figura erguida, su impecable naturalidad es un clamor de torería y de verdad y vuelan junto al torero los recuerdos de los grandes, de los que nos metieron el veneno de esta afición a base del toreo grande.

Después agarra el estoque verdadero y se trae al toro hacia el tercio del 9, ahí le mete una tanda por el derecho, rematada con guapeza y gran torería en un pase de trinchera que es un cartel de toros y después de otra porfía en redondo, un soberbio pase de pecho forzadísimo en el que se pasa el toro entero de cabeza a rabo por delante. Luego pasa de nuevo a la izquierda a finalizar la faena citando de frente -Manolo Vázquez, Sevilla y Madrid de nuevo- y engarza preciosamente ese natural con el siguiente ofreciendo el medio pecho, la pata adelantada -¿no decían que eso no se puede hacer?- la muleta adelantada -¿no habíamos quedado en que eso es de la prehistoria del toreo?- y luego, el ayudado. Sublime.

Después, con la plaza bramando como sólo pasa en Las Ventas en las grandes tardes, Cid iguala al toro en la suerte contraria y le ocurre al torero lo que siempre le pasa en las grandes tardes, pinchando en hueso como tantas otras veces. Es parte de su leyenda.

Si vamos a los toros, si nos devora esta afición que es pasión, es sólo porque de tarde en tarde alguien hace lo que hoy ha hecho Manuel Jesús Cid en Madrid.













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miércoles, 2 de octubre de 2013

Femina Suite, R.H. Moreno-Durán



"Qué tiempos, suspiró Justus, que navega ahora por ríos ignotos pero tranquilos, de vuelta no se sabe por qué a la era topolina, con Erika en abstinencia y el mal humo de los Ideales en los pulmones, y en la cama famélicas muchachas con sostenes espantosos, como de tela de paracaídas -no en vano habían quedado atrás dos guerras sucesivas- y unos guayucos que, más que bragas, eran unos horrendos calzones bombachos que cubrían púdicamente desde más arriba del ombligo hasta casi la rodilla, los pololos, uno de los mayores crímenes del franquismo. "
Finale Capriccioso con Madonna, página 737 de Femina Suite

La trilogía Femina Suite de R.H. Moreno-Durán, quizá el escritor colombiano más vapuleado con las injusticias del olvido, fue reeditada por Alfaguara hace una década, en una edición conmemorativa de sus 25 años de resguardo. Al día de hoy sigue tan olvidada de una manera solo comparable con la extensión de dicha injusticia. Sumergirse en esta prosa entonces es casi una obligación moral si se pretende hacer honor a las letras colombianas, tan mentadas en últimas horas con la infeliz muerte de Mutis.

Lo que se despliega en la trilogía es una historia profunda como profusa de léxico, que narra la historia de Colombia desde el Bogotazo hasta el imperio del Frente Nacional con el que los dos partidos tradicionales se repartieron el poder de manera descarada y alternante. Lo curioso es el móvil: desde tres frentes de narración, cada uno infinito, la historia es contada a través de las mujeres que perlan la historia, aunque el escritor nos arroja a verlo todo desde el prisma de una cómica misoginia, especialmente ensañada contra las enfermeras.


Los tres frentes de narración componen cada uno un libro que salió en su momento con independencia de los demás, pero que se articula a la perfección a todo el conjunto: el primero, titulado Juego de damas, desmenuza la historia nacional desde la perspectiva de los intelectuales de izquierda, siempre dominados por las intrigas de las ideologías latentes en la época, y por supuesto, por las mujeres. El inicio es una evocación a Joyce donde la lectura lineal se rompe en tres para contar en similar tempo la historia del país y de América, una clase de lógica hegeliana en la Universidad Nacional, y en último término la vida de una mujer llamada La Hegeliana; luego, asistimos a una larga reunión de nostálgicos comunistas a los que la vida les dio trabajo, dinero y estatus, pero que sin embargo rememoran sus tiempos de acción, dolosamente concluidos con una explosión en un apartamento en las torres de Pekín (frente a la Academia Colombiana de la Lengua), detonación esta que puso fin a la revolución en Colombia, en virtud a un pollo frito. Por supuesto todo está adobado con largas dosis de misoginia hilarante.

El segundo título, El toque de Diana, cuenta la historia nacional desde la perspectiva de los militares; en absoluto contraste con el título anterior, Moreno-Durán nos introduce en el caótico mundo de un Mayor del ejército que decide meterse a su cama para siempre, luego de caer en desgracia frente a las autoridades castrenses. Casado con una española con la que lucha para que su castellano no sea destruido por las incorrecciones gramaticales de la "advenediza peninsular", el Mayor rememora su vida marcada por la práctica del latín, la construcción de dioramas militares, también los caballos de paso fino, y la estrategia de guerra que pacificó la región de Marquetalia, que por cierto dio origen a la guerrilla de las FARC. Su esposa le es infiel y despide un olor que logra ganar para ella el calificativo de Bagre. La mujer es aún más brutalizada desde esta perspectiva, que la reduce a mero objeto sexuado pleno de vicios y mañas, culpable de conspiraciones masonas que pretenden desestabilizar la democracia, y finalmente, con mayor condena, culpable de practicar la enfermería. Al final, con juego casi  de magia sagrada que recuerda un episodio lezamiano, que no de realismo mágico, el mayor logra dar en la diana.

Para finalizar, Moreno-Durán expone un Finale Capriccioso con Madonna, que cuenta la historia nacional desde la perspectiva de las clases pudientes: entonces se apellida uno Obregón u Holguín, se tiene casa quinta en Villa de Leyva y se ha tenido el exceso esnobista de combatir en la guerra civil española. El protagonista, el individuo Moncleano, vaga por una mansión dividida que encierra la pintoresca historia de su estirpe, concluida con la muerte de su madre paralítica en una escalera de caracol. Años después, y a punto de leer un edicto que declara en venta la mansión, Moncleano sostendrá una relación tripartita con su esposa y una judía que recuerda a Simone Weil. Poco a poco, vagando por la espaciada mansión que cuarto a cuarto le recuerda aquellos familiares muertos y tan vivos en la historia nacional, Moncleano sirve de móvil para terminar de explicar la misoginia y el sentimiento de culpa lanzado contra la mujer como gran fondo de la historia de Colombia. Un inesperado encuentro con Laura, la mujer perfecta, y Justus, su tío que nos sirve para abrir esta publicación, terminará desenredando el hilo que articula las tres novelas en la misma trama: la historia del fracaso de Colombia, país donde se habla bien y se vive mal.

Además de ser un alucinante recorrido, fantasioso sin la necesidad de tocar la estéril herencia del realismo mágico, esta trilogía logra conjugar la voz clásica de Bogotá a través de frentes tan dispares, por lo que debiera considerarse a esta, y no a Sin Remedio de Antonio Caballero, como la verdadera historia bogotana por excelencia. La profusión de citas en latín, francés y alemán logra conciliar una prosa donde la voz titular no es la de los personajes, aunque estos a veces se metan en mitad de una frase para ratificar la opinión del escritor. En todo, incluso en aquella misoginia inofensiva pero reiterada, se respira pues un aire de nostalgia frente al gran fracaso de la revolución, el gran fracaso de la guerra, y el gran fracaso de la clase alta bogotana.

Con los años, ojalá no se deba contar el fracaso de esta trilogía en la historia de la literatura colombiana, dominada ahora por escritores medios aferrados a su porción de público e incapacidad.
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El morantismo de Morante

                     

Cuando en publicaciones pasadas hablamos de la corrida goyesca de Morante en Ronda, habíamos definido su toreo como Barroco, obedeciendo a los principios de sobrecargar con estética todo el conjunto "La tauromaquia de Morante de la Puebla es barroca en tal rigor, pues mirarlo torear es atender a una sobrecarga estética que grita reclamando que se le mire: su sitio, su ligereza de muletazo, su verónica perfecta, su cargazón de la suerte con la pierna adelantada, su barbilla hundida, sus riñones metidos, el juego de muñecas, su estampa de torero decimonónico, sus lances y pases añejos: todos son pequeños detalles, y sin embargo, presentes en un mismo conjunto: el toreo de Morante, por ello barroco." 
A tal acertada percepción sobre su tauromaquia, habría que añadir el aire de personalidad que le imprime a todo lo que hace, transido de una suerte de bohemia, y de chispazos de genialidad no concertados, que se hacen esperar, cosa toda esta que en otras épocas se llamaba 'estilo', y caracterizaba como dos panes diferentes a cada torero. El más morantista, por lo anterior, no puede ser sino Morante, por cuanto completa aquella máxima de Belmonte: "Lo que torea es la personalidad". No voy a entrar a excesos poéticos sobre relojes rotos, arte llovido del cielo o gracias de genio gitano, simplemente quiero dejar de manifiesto el toreo de capa y muleta de quien es el torero artista más grande del siglo XXI, sin sucesor a la vista, repleto de vicios a veces que siguen de largo, pero que como el buen cine, no deja a nadie indiferente; propongo estos videos, que inician con el inmortal toreo de capa en Madrid, para hacer el ejercicio de deleitarse con estética pura, de un hombre que torea con morantismo:

                             

                            

                           

                                    

                          

                               

      

     

     

     
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martes, 1 de octubre de 2013

Documental Grandes maestros del toreo


El documental va de un edad de oro hacia la otra, según mi parecer: desde Joselito y Belmonte hasta El Viti, Paco Camino y Diego Puerta, mediando la convulsión de la guerra civil, Manolete, el campo charro de los años 50`s, el desparpajo de El Cordobés; a través de todo y del toro, se entendía así al toreo como una relación de poder, que no de colaboración. Vale la pena revisarlo: el buen aficionado no vive del tiempo presente, pues lo hace del tiempo único y eterno del toreo, donde la salida a hombros de El Viti con toros de Miura en Madrid, y los 5 naturales de Juan Belmonte, ocurren en un mismo instante, pese a las 6 décadas que los distancia para el tiempo mortal; adjunto las 6 partes del documental, que para sorpresa de cualquiera, empieza con un especial sobre terribles cornadas, acaso para recordarnos que el toreo es una verdad ineluctable por cuanto se enfrenta al dolor y la muerte real; en ese sentido, el toreo ha de ser una imposición sobre el riesgo de muerte y dolor para el hombre, y por tanto, todos aquellos elementos de riesgo deben estar siempre presentes, traducidos en la bravura y presencia del toro, fundamento total de la tauromaquia.


                      

                     
               
                     

                     

                    

                   

 ADENDA con Curro Romero, Rafael de Paula, Curro Vázquez:

                  



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domingo, 29 de septiembre de 2013

Tauromaquias alternativas


Me gusta la denominación de Juan Pelegrín, quien en su blog habló sobre la necesidad de tauromaquias alternativas al referirse a los criadores periféricos lejos del monoencaste. El mismo criterio puede aplicarse a aquellas tauromaquias alejadas de los centros del espectáculo, y sin embargo tan importantes como cualquier manzanarismo, en tenor de enriquecer la Fiesta. Solo para no ir tan lejos, es necesario recordar que hasta hace unos 5 años la tauromaquia de Fandiño era alternativa con respecto a los cánones comerciales que inundaban al toreo; hoy, su toreo es de primer orden de referencia, y la próxima feria de otoño en Madrid girará en torno a él. Propongo algunos videos de este siglo, y uno del pasado: El Cuqui de Utrera, Eugenio de Mora, Ramsés, Ángel Teruel, Fermín Rivera, Alberto Lamelas, Fernando Cruz, José Luis Moreno, El Califa y Juan del Álamo.

                              

        

                            


                             

                             

                

                  
Alberto Lamelas - Faena a Verdulero de... por blogdetauromaquia
           
                          
                       
                             

                                                                        
                         

               
Bilbao Padilla, Fandiño y Del Álamo (Jandilla... por blogdetauromaquia
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sábado, 28 de septiembre de 2013

Cuenta la edición de hoy del diario El Mundo  cómo un hecho de continuo acoso por parte de los animalistas madrileños contra una tienda que vende souvenirs taurinos, terminó en una tentativa ilegal de escrache, amenazas, pedradas, y finalmente con un ataque de gas pimienta contra dos niñas: Lucía, de 13 años y quien sufre de asma, y más indignantemente, Alejandra, de 4 años, menores de edad en obvio estado de indefensión que junto con su madre, Susana, propietaria de la tienda taurina, fueron abordadas en inmediaciones de la calle Esparteros para ser atacadas. Como consecuencia, ambas niñas sufrieron un cuadro de ansiedad tratado en el Samur, y la pequeña Lucía, en virtud a sus problemas asmáticos, una deficiencia respiratoria.

Además de los continuos insultos y pintadas en la fachada del establecimiento, los antitaurinos dieron un paso más en su lógica escalada de violencia, citando un escrache (protesta de acoso contra alguien en todos los lugares donde se encuentre la víctima):

La tienda, que vende artículos taurinos, según su dueña empezó a ser hostigada por redes sociales bajo el "crimen" de vender objetos relacionados con una manifestación cultural que algunos intolerantes, a la altura de los nazis, no están dispuestos a aceptar: "Hablan en los comentarios de parafernalia criminal que adorna la tienda, pero ¿el qué, las zapatillas de esparto?». Aparte de la muy lograda recreación de un tramo del encierro de la calle Estafeta de Pamplona, incluso con adoquines reales para simular el asfalto, en el establecimiento se pueden comprar los tradicionales pañuelos de fiestas, cabezas de toro, bolsos hechos a mano de Asturias, forjas de Toledo, cuadros de artistas madrileños..."
               
Las autoridades señalan a los antitaurinos de Madrid como los responsables de estos hechos, cosa evidente. Y como no podía esperarse otra cosa de estas bestias morales, los comentarios del foro de El Mundo están llenos de cualquier cosa (justificaciones, frases de cajón, insultos, loas), menos de una condena contra el ataque. Incluso se llega al límite intolerable de justificarlo aduciendo la estúpida existencia del Karma, o previniendo sobre la catadura moral de alguien que "vive del maltrato animal", pese a que la tienda jamás ha tocado un solo animal:

Mientras un par de niñas en total estado de indefensión son atacadas, el hecho sigue de largo bajo la presumible mayor falta de vender pañoletas de San Fermín. Más allá de la adecuación moral entre animales y humanos, es patente que las mansas palomas del animalismo esperaron para hostigar a una mujer y sus dos hijas precisamente por encontrarlas indefensas, más que cualquier otro taurino. ¿Acaso este hecho no es un reprobable intento por emprender una escalada de violencia? ¿Puede encontrarse alguna moralidad de evolución en perseguir una mujer, o intentar agredir a un par de niñas? Quienes acusan de cobardía al torero por tener un banderillero en el burladero presto a cualquier emergencia, solo pueden con niñas, hecho de una monstruosidad moral, no solo por la violencia, sino además por la cobardía del acto.

Curiosamente el día de ayer veía una rebuscada imagen donde unos supuestos espontáneos lloraban con cierto patetismo al ver un video donde se muestra cómo viven y mueren algunos animales de la mano del hombre. El histrionismo de la imagen nos recuerda que el antitaurino es un hipócrita sentimental que se rasga las vestiduras moralmente hasta un punto ridículo, por el Toro de la Vega, por ejemplo, pero al mismo tiempo secretamente aplaude que a una niña asmática le echen gas pimienta, ya que su madre vende souvenirs taurinos. La reproducción artística o simbólica de un acto no es el acto, es su transgresión y trascendencia, y no puede condenarse ni perseguirse a la tienda bajo la excusa de glorificar la tauromaquia, si al mismo tiempo no se cree que la mitad del museo de El Prado deba ser quemado, lo mismo que la literatura de Lorca o los cuadros de Picasso, por glorificar el toreo. Mientras veo estos actores animalistas y a los que echan gas al estilo de un nazi que no goza de tolerancia cultural, es preciso recordar aquella frase de Camus popularizada en una película de Godard: "Quien mata a un hombre para defender una idea no defiende una idea: mata un hombre". De pintar o quemar plazas de toros, intentar liberar novillos para que ataquen a la población y de hostigar a las personas continuamente en redes sociales, han pasado a atacar niñas y mujeres, ¿Qué seguirá en un movimiento que es considerado por el FBI como terrorista?


Vea aquí todos los reparos morales que tenemos contra el movimiento antitaurino, siempre vendido como una evolución moral pero cuyo verdadero rostro es menos que monstruoso.
ADENDA: para completar la escalada de la infamia, el inefable Leonardo Anselmi insinúa que fue un "auto ataque", ¿alguien puede creer que uno le va a echar gas pimienta a sus propios hijos solo por fastidiar a los pacíficos antis, de cuyas hazañas pacíficas hemos puesto un enlace arriba? Solo una mente decididamente podrida moralmente puede siquiera pensar esa posibilidad.

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jueves, 26 de septiembre de 2013

The Bad Lieutenant: Port of Call New Orleans, Werner Herzog


La película es soberbia, en tanto a que hurta la trama tradicional de Herzog sin traicionarse: el héroe, casi macondiano, condenado a cumplir un destino absurdo contra el mundo más crudo, que no es otro hombre que aquel de Aguirre, la cólera de Dios, en la fiebre del oro y la selva colonial más pluviosa y anegada de barro, o el de Fitzcarraldo, el hombre que tiene que trasladar un barco de una montaña a otra para comerciar con caucho, pues necesita financiar la construcción de un teatro de Ópera en la mitad de la selva peruana de Iquitos; o incluso el hombre de su glorioso documental Grizzly man, sobre aquel desquiciado animalista que intentó volverse un oso real, y terminó repletando una masacre de osos por otros osos...el hombre de Herzog, ahora transfigurado por una soberbia actuación de Nicolas Cage en este The Bad Lieutenant: Port of Call New Orleans, un teniente drogadicto y proxeneta en Nueva Orleans, que es ese mismo hombre abocado a un destino demencial, sin tocar cotas kafkianas, pero siempre febril, siempre aplastando.

Herzog presenta entonces un thriller de factura Hollywood, de impecable dicción estética y guión, que puede resultar engañoso por convencional, aunque no hay tal: la primera fractura de la historia es anclarla a las inundaciones del Katrina: un preso con una pierna rota está a punto de ahogarse mientras en la ciudad impera el caos y la destrucción tras el huracán. El teniente y su compañero lo miran, bromean, deciden pavonearse para desesperación del hombre a quien el agua ya casi le llega al cuello, hasta que Terence McDonagh (Cage) se lanza al agua para rescatarlo. Herzog nos hace pensar que gracias a ello al teniente le sobreviene un problema de espalda para toda la vida, lo que impone al personaje los mismos andares contenidos de Aguirre en su conocido film.


¿Y cuál es la demencial tarea que le impone la historia al hombre, tras joderse la espalda en un hecho articulado con el huracán Katrina, tarea demencial  por demás que debe tener el sello de Herzog? La toma de posición del guión es magistral, y hay que atender: el teniente drogadicto de repente tiene que resolver un caso doloroso de masacre, pues una familia senegalesa de inmigrantes ilegales, niños incluidos, ha sido asesinada por traficantes de drogas que irrumpieron en su casa  Y sigue para el teniente: sin que se dé cuenta, y nosotros tampoco, su negocio de proxeneta y su afición a las apuestas de football americano también empiezan a urdirse con la masacre, y generan inconvenientes hasta el punto de contraer una deuda de 50.000 dólares y dos sesiones sexuales para un par de sicarios. Así, el teniente disoluto y genial, debe resolver en dos días una masacre, conseguir el dinero y poner a salvo a Frankie, la prostituta que explota y ama al mismo tiempo. Para terminar de añadir el absurdo de las selvas de caucho y la ciudad irreal de El Dorado, al teniente le surgen más patas en la mesa: su padre alcohólico entra a A.A., por lo que no puede ocuparse de su perro, que el teniente debe cuidar al mismo tiempo que un testigo africano de 15 años (la única persona que contempló la masacre de la familia de inmigrantes ilegales), y también afrontar las sanciones que le caen por violentar a la madre de un senador, e interrumpir el coito del hijo de un dealer con Frankie; para finalizar, debe cerciorarse de que un futbolista de americano cumpla su promesa de perder el juego, o de lo contrario matarlo, todo esto adocenado con continuas dosis de todo tipo de drogas. ¿No es lo mismo que Aguirre en busca de El Dorado?


Pero nada sería de esta historia sin la absorbente actuación de Cage, que me recordó a personajes memorables como Tango y El Negro, o el logrado papel de Kevin Bacon en Where the Truth lies de Atom Egoyan: personas que solo el cine es capaz de dar, pues ni la literatura ni el teatro son capaces de dotar al actor de una personalidad que a veces lo domina, logrando emanar entonces una entidad que al mismo tiempo se ve como un ser humano genial que a la vez un perfecto fulano cualquiera. Cage elabora una actuación a veces exagerada pero cerebral, logrando momentos gloriosos, como cuando un dealer es asesinado en la casa del responsable de la masacre de la familia senegalesa, y con todo, Cage logra ver el alma del dealer bailando break dance en el suelo; McDonagh pide entonces que le disparen de nuevo al cuerpo, para que el alma muera y deje de bailar, lo que de inmediato remite a la superstición africana que Chinua Achebe cuenta en su magistral Todo se desmorona: el enemigo debe morir dos veces, pues su alma se burla de la nuestra, que no logramos ver, lo que configura una suerte de derrota para nosotros, y de secreta, tonta, imprevisible victoria para el enemigo muerto. Cage hasta entonces ha logrado un papel tensionado y divertido, como el momento mismo en el que se le dispara a un cadáver:



Con lo anterior notamos un guiño extraño en Herzog, y es la inclusión de elementos surrealistas, símbolos o licencias poéticas dentro de una filmografía donde la descarnada realidad ha imperado, y la única locura ha sido la del hombre y su ambición. La locura estética en este maravilloso filme se ve reforzada por cosas como las extrañas iguanas, caimanes y reptiles que acompañan los momentos de tensión, pero también recuerdan las cosas "que el huracán y la inundación trajeron" (pues no son animales nativos, sino invasores), o también el poético final donde McDonagh  y Chávez (la persona que salvó de ahogarse al inicio de la película) se reencuentran nuevamente cerca del agua, pero esta vez en los acuarios de la ciudad, pensando en el sueño de los peces, alusión a un poema que escribiera el niño senegalés caído en la masacre: animales de agua, unos controlados, otros invasivos, todos venidos de las aguas del destino:




Dejo los links de descarga:
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miércoles, 25 de septiembre de 2013

Carteles para la temporada grande 2013 de la Plaza México



Se publican los carteles para la Temporada grande de la Plaza México. Aquí las combinaciones:

Domingo 27 de octubre Cartel Inaugural Temporada Grande Talavante - José Mauricio - Arturo Saldívar - 6 Barralva 6

Domingo 3 de noviembre 2ª de la Temporada Grande Zotoluco - Morante - Silveti- 6 Julián Hámdan 6

 Domingo 10 3ª de la Temporada Grande El Juli- El Payo- Joselito Adame- 6 Fernando de la Mora 6

Domingo 17 4ª de la Temporada Grande Arturo Macías - Fermín Rivera- Juan Pablo Sánchez- 6 de marrón 6

Lunes 18 5ª de la Temporada Grande Leonardo Hernández- Alfredo Gutiérrez- Ignacio Garibay - 6 Marcos Garfias 6

Domingo 24 6ª de la Temporada Grande Zotoluco- Perera - Sergio Flores- 6 Xajay 6

 Domingo 1 de diciembre 7ª de la Temporada Grande Mónica Serrano-Joselito adame- Saldivar- Silveti con 7 por designar

 Domingo 8 8ª de la Temporada Grande El Zapata- Fermín Spinola - Daniel Luque - 6 Valparaíso 6

 Domingo 15 9ª de la Temporada Grande Rafael Ortega- Juan José Padilla- Juan Luis Silis- 6 Los Cues 6

Domingo 22 10ª de la Temporada Grande Israel Téllez- Eduardo Gallo- Angelino de Arriaga - 6 Rancho Seco 6

Domingo 29 11ª de la Temporada Grande Federico Pizarro- Ricardo Rivera- Salvador López- 6 de Haro 6

Domingo 5 de enero 12ª de la Temporada Grande Jerónimo- Leandro Marcos- Mario Aguilar- 6 carranco 6

Se confirma la presencia de Pablo Hermoso de Mendoza y El Capea, presentes en la segunda parte del ciclo que se extenderá hasta el mes de Febrero. Resaltan las ausencias de Los Encinos, Fandiño, Ponce y Castella. Se anuncia además que para la segunda parte del ciclo de la temporada mayor estarán presentes los siguientes hierros: San Mateo, La punta, San Fermín, Villa Carmela, Puerta Grande, La estancia, Ebrija, La Soledad, San José, El Vergel, Santa Bárbara, San Isidro.



Ganaderías para la segunda parte del ciclo



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En el año 1988 Maníli abría la puerta grande de Las Ventas de Madrid en la corrida de Miura. También nacía yo. Amante de la tauromaquia, el cine, la literatura y el rock. Sigo con obstinada fe la certera evidencia de la frase de Lorca: "Creo que los Toros es la Fiesta más culta que hay en el mundo".