lunes, 21 de octubre de 2013

Esplá, y cómo debe irse un torero: estando


"Lo que hay que mirar son los pies del torero en el centro del pase, cuando se está pasando al toro, la distancia a que le pasa, y la distancia a que se lo deja o remata el pase. Esa distancia, despegada o ceñida, y la quietud de pies en ese instante es lo verdaderamente importante del pase; más, mucho más que la distancia a que se coloca para dar el pase. Porque la quietud y la distancia en el centro de la suerte revelan que el toro va muy bien toreado, a su temple, muy embarcado en la muleta, que el que manda es el torero. El pase hay que rematarle, sin dejarse enganchar la muleta –temple- y llevarle, hasta dejarle a una distancia, que el torero no tenga que irse, ni dar un salto atrás, para ligar la faena sin interrupción, sin que pueda servir de pretexto salirse para saludar. Ya saludará después"
De "Los mandamientos del toreo", obra del insigne Gregorio Corrochano.

No es taurino quien no se estremezca con esta faena de despedida de Luis Francisco Esplá en Madrid, tras 89 tardes de guerra, y ante el grandioso Beato, un Victoriano del Río de 620 kilos. Se estaba yendo, y su manera de irse fue quedarse. Quedarse en el asentamiento que pregona Corrochano, el de realizar toda la carga del pase justo en la mitad del recorrido, con la cargazón, con la exposición mortal del torero. El toreo que se resuelve donde debe resolverse: en las inmediaciones del cuerpo del torero, el pase seco y corto, pero toreado justo en la pierna del torero, o en su femoral, o en su riñón; de nada sirve entonces aquella tauromaquia que lleva al toro para afuera, por más largos y prolongados que se sucedan los muletazos: el cuerpo del torero ya ha pasado de la embestida (o al revés), no hay riesgo, y carece de valor lo que no tiene riesgo. Encauzar en tan corto terreno  la embestida de este Beato, y toreada, es obra de tragar, de mandar, y de ser torero. Imprescindible ver la faena (desde el minuto 12:00):

                       
Madrid Esplá, Morante y Castella (V... por blogdetauromaquia

No hay razón para pensar que esta es una faena cualquiera: junto a la de Juan Mora en 2010 y la de El Cid este año, constituye la faena de Esplá y Beato uno de los últimos hitos serios en la plaza más importante del mundo, por lo que no es necesario explicar su importancia en el conocimiento del aficionado.

El toro es la medida de todas las cosas en la tauromaquia, por lo que conviene hablar de Beato. El toro es un Domecq que se vuelve contra los de su propia sangre, hoy estandarizados por una suerte de tauromaquia que privilegia la ligereza y la poca presentación del toro, con tal de que se garantice su movimiento en la arena: Beato tuvo 620 kilos notables, que arrastró con su casta en 6 series, la estocada, y varios golpes de cruceta. Sus 620 kilos representan la negación total del prejuicio torerista, según el cual un toro de Domecq debe ser pequeño y ligero de carnes (cuando no de edad) para embestir. Se acusa entonces al toro de 560 como un tonel inamovible. Pero allí fue Beato.

La faena también presenta móviles sentimentales: Esplá fue un maestro de corridas duras, y su registro en la memoria del aficionado se remonta a míticas corridas como la encastada de Victorino Martín en Madrid en aquel junio del 82, que empieza un recorrido que parecía concluir en la faena a Poleo de Cuadri, también en Madrid, pero esta vez en 1996. Entonces anuncia su retirada de los ruedos, luego de tanta guerra. Aparece ante nosotros el 5 de junio de 2009 con dos figuras del toreo, en su propio terreno, y con la ganadería de las figuras, pero ante un toro que jamás le saldrá a un solo torero del escalafón alto. Es como si triunfara incluso por encima de ellos, demostrando que puede torear algo impensable en la mente de cualquiera, y justo el día que se va para siempre; es una manera de irse, pero estando.

Gregorio Corrochano insiste entonces en la naturaleza del toreo: burlar la muerte del cuerpo, toreando la embestida que puede matarle. Desarrollar el muletazo cuando los pitones ya han pasado, es justo lo contrario a lo hecho por Esplá en la faena. Como se ha dicho, la transmisión del toro es total, y su recorrido bueno, pero con todo el maestro le receta series de muletazos secos y toreados, bajo el influjo de la clásica y vertical tauromaquia madrileña, que hoy podemos rastrear en Ángel Teruel y en algunos momentos de Uceda Leal: la profundidad que tiene raíces más hundidas. En la geometría del toreo, que es única, lo profundo se presenta de manera más valiosa cuando el muletazo es corto, pero toreado. En cambio la intrascendencia se revela en aquellos toreros que rompen el cuerpo para prolongar unos muletazos sin ceñirse al toro más que cuando este pasa de la pierna, salvando de riesgo al torero. Los hay también aquellos que ponen figura muy flamenca cuando la embestida ya va para afuera. Todo lo anterior, puede decirse, es particularmente simple, y lo de Esplá, y lo del propio Beato, una labor heróica para toro y torero. La tauromaquia es eso.








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sábado, 19 de octubre de 2013

Censura a la tauromaquia en Barcelona



Es bastante enojoso reproducir la siguiente información:

"El Ayuntamiento de Barcelona ha vetado una foto en la que aparece Juan José Padilla y que sirve para publicitar la exposición de la última edición del World Press Photo que acogerá la capital catalana. La foto en cuestión, obra de Daniel Ochoa de Olza, muestra al diestro jerezano en el patio de cuadrillas la tarde de su reaparición en Olivenza acompañada de la frase Facereality(Afronta la realidad), según informa la Cadena Ser. 

Según el ayuntamiento, esta imagen, que no aparecerá en las banderolas anunciadoras de la exposición, no concuerda con su idea de la ciudad y desde el consistorio se ha pedido a los organizadores que busquen otra foto."

En nombre de la libertad de expresión, el derecho a la cultura, el respeto a las minorías, al arte, a las manifestaciones seculares, e incluso a la más elemental noción de decencia gubernamental, ¿qué se puede decir sobre la decisión del ayuntamiento? Esta abierta censura perpetúa la antitauromaquia catalana, que sabemos identitaria y no animalista. Identitaria, por cuanto percibe al toreo como algo eminentemente español, hispánico y "no catalán" en un supuesto bastante desacertado; esto es lo que realmente subyace a la censura de una imagen de fuerza fotográfica, poética y humana obvia; cuando el ayuntamiento invoca una disparidad con "la idea de Ciudad", realmente no cierra la posibilidad al toro: de ser quizá la siguiente imagen, la censura no se manifestaría, si no perdemos de vista que el Correbous está blindado en Cataluña, al ser un festejo de gran presencia al sur del Ebro:


La foto de Padilla encuadra una expresión moral: la de la superación del hombre. Luego de aquellas imágenes del terror repartidas por la antitauromaquia en todo el mundo, imágenes que conmemoraban la violencia contra el torero, cualquier foto de Padilla ya no significa lo mismo. Siempre va a estar precedida por el halo irremediable de su tragedia, pero también de su heroicidad. La referencia mantenida cuando el torero se sobrepone a su desgracia, y se cala así la montera para salir de nuevo a torear, no es la de la glorificación de la violencia contra los animales. La imagen precisamente hace hincapié en la inexistencia de cualquier toro de lidia en ella misma; lo primero que vemos es lo único que vemos realmente: un hombre que afronta con entereza su destino.

La foto es identificada de inmediato como enemiga al portar valores estéticos hispanos. La fobia se manifiesta contra la imagen, y se deriva en la censura directa contra una organización internacional de fotógrafos profesionales, itinerantes en Barcelona. Donde todavía puede encontrarse un sentido en la acción del ayuntamiento, es en declarar con esto su nula tolerancia contra un fenómeno cultural como el taurino, y explicar al mundo que la censura y la persecución tiene formas aceptables en el siglo XXI, sin recordar al lejano XX y su rosario de genocidios amparados en la persecución cultural, y cuando además violar los derechos culturales de las minorías es lo mismo a violar los Derechos Humanos y el DDIIHH. No pasará nada.

Tras la legitimación de la censura y la persecución cultural, y los continuos porrazos contra los taurinos en todos los frentes sociales, ¿se va a instaurar el culto a la persecución, como en 1938 hicieran los nazis? Es preciso recordar nuevamente: la foto de Padilla cumple con dos procesos de representación, pues además de ser algo taurino, también es un documento periodístico, gráfico y moral de gran calado, hasta el punto de tener un segundo puesto en el Word Press Photo del año pasado, lo que ya es decir. Lo hecho por el ayuntamiento de Barcelona es una forma de autoritarismo, pero también de amenaza: ¿tendrá que retirarse en un futuro cualquier obra cultural, artística y espiritual de los pueblos del toro, si en ella hay alguna referencia taurina? Solo al azar, sufrirían la misma censura que la foto de Padilla obras como la poesía de Lorca, la pintura de Goya hasta Picasso y Bacon y Gaya, los versos de Alberti o la escultura de Benlliure, decretados todos como culpables de herejía taurina. ¿Por qué acaso la humanidad tendría que permitir la reproducción del Carme de Bizet, si en un supuesto de delirio antitaurino cumple la misma labor de "glorificación de la violencia contra los animales" que la foto de Padilla, e incluso a niveles masivos y más refinados?

A menudo uno está tentado a recordar al gran poeta Teofilo Gautier: "Se ha dicho y repetido en todas partes que en España se perdía la afición a los toros, y que la civilización concluiría por desterrarla; si la civilización llega a hacer esto, tanto peor para ella, pues una corrida de toros es uno de los espectáculos más bellos que el hombre pueda imaginar". Y debe añadirse: tanto peor para la supuesta evolución moral, si se instaura un culto a la persecución, pues sería su absoluta negación histórica. Contra todos estos intentos de aplastamiento, contra todos estos detenimientos sobre lo taurino como algo a ser negado, hay una pequeña luz: la tauromaquia misma, el innegable calado moralista de un rito duro y hermoso, que obliga al hombre a exponer una escala de valores frente a la muerte, y que nos obliga a no permanecer en silencio frente a esta otra clase de muerte, que es la persecución cultural en pleno siglo XXI; y fundamentalmente en este caso, la solidaridad de fotógrafos, incluso no taurinos, que han entendido todo esto como la manifestación de un atropello contra el arte y la cultura:




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jueves, 17 de octubre de 2013

El nuevo caballo de Turín


Difícil creer que el caballo de Troya pueda convertirse en un caballo alemán, aunque en realidad se trate del caballo de Turín. A esos enredos intelectuales nos debemos someter cuando un campo de acción animal tan concentrado como el de los Vehículos de Tracción Animal (VTA) en Bogotá, de repente asiste a la invasión del oportunismo extranjero y local, y el animalismo hace crac.

¿Pero qué autoridad le asiste a un taurino para hablar de un tema eminentemente animalista? La que me asiste al ser colaborador desde hace 6 años de personas que han tenido una lucha personal desesperada para rescatar caballos de la calle.Cuando uno carga un bulto de zanahorias rumbo al sitio donde un caballo famélico se niega a avanzar, puede hablar de esta clase de cosas. Entonces contrastaba mi naciente afición por la tauromaquia con aquellas actividades de ayuda animal, entendiendo antes que nada que son universos aparte: en la tauromaquia, el acento de la queja no está en las condiciones de vida, sino de muerte, mientras que en los VTA, la queja recae sobre las condiciones de vida -en el toro irreprochables-, que en algunos caso rayan el fracaso social, en virtud a la esclavitud del trabajador y la del caballo. Espero poder explicarlo en otro instante, pues quiero centrarme en lo que sucede en el minuto 06:10 del siguiente video:

                            

Formidable: resulta que por gracia de Natalia Parra Osorio, Nietzsche "Dijo unas palabras muy sabias que nadie alcanzó a tomar en su momento pero que todos recordaremos: un día Frederich Nietzsche estaba saliendo de una casa en la Alemania del siglo XIX y vio cómo se estaba maltratando a un caballo de un coche, se le estaba dando unos latigazos sin compasión (sic) y lo que hizo él fue abrazar, ese caballo; todo el mundo lo miraba extrañamente: ¿cómo podría ser normal que alguien se aferrara a abrazar un caballo? Pero él en ese momento no le importó (sic) ,  y le pidió al caballo perdón en nombre de toda la humanidad (sic)."

Luego de inventar semejante abusiva impertinencia, alevosa en la manipulación histórica y la verdad de los hechos, Natalia Parra Osorio comete la ridiculez de emular al falso Nietzsche de sus fantasías, y entre gimoteos y lloros actuados ofrece disculpas al caballo en nombre de todos nosotros.

Empecemos por donde debe empezarse: decíamos ayer en la reseña del numinoso filme de Bela Tarr que los hechos a propósito del caballo de Turín fueron precisamente en Turín, Italia; para más exactitud incluso se añade la calle, Vía Carlos Alberto, piazza Carlos Alberto; y la fecha: 3 de enero de 1889. Si le creemos a los estudios críticos de Rafael Gutiérrez Girardot, Heidegger,  la Sociedad Española de Estudios Sobre Nietzsche (SEDEN), o incluso al libro Nietzsche en Turín de Lesley Chamberlain, estamos obligados a concluir que lo contado por Natalia Parra es de una mentira y una palabrería insoportable.Cuando ella misma asegura "unas palabras muy sabias que nadie alcanzó a tomar en su momento", acepta de facto que Nietzsche jamás dijo frase animalista alguna. Resulta esto siendo otro montaje animalista, otro entramado apócrifo nacido en la red y divulgado por mentirosas a las que incluso hay que hacerles precisiones geográficas:

Cuenta la leyenda que los animalistas buscan en algún lugar al norte de los Alpes al Caballo de Berlín que Nietzsche defendió del maltrato animal en clara alusión a la empatía con los seres sintientes.
Nietzsche jamás pidió perdón al caballo en nombre de la humanidad: no hay evidencia ni testimonial ni bibliográfica alguna que apunte hacia tal tesis, salvo el chisme animalista en internet, el mismo que le atribuye frases animalistas no presentes a lo largo de su obra, incluida la correspondencia. Toda la bibliografía disponible sobre el asunto ofrece 2 versiones: la primera, la más plausible, se reduce a los testimonios recabados por Jacob Burckhardt tras la noticia de la locura: el filósofo golpeó al cochero, abrazó al caballo y se desvaneció de inmediato; luego sería declarado como enfermo de parálisis progresiva. La segunda, menos plausible y más hermenéutica, cuenta que Nietzche tras golpear al cochero y abrazar al caballo empezó a llorar y a decir "Mamá soy un tonto", aunque cabe la queja de tener solo testimonios italianos de un demente que se expresaba en alemán. Aquella versión apunta a que hay muchos indicios para concluir que Nietzsche ya estaba totalmente enfermo de esquizofrenia, lo que produjo su reacción. Gutierrez Girardot también señala que la correspondencia de Nietzsche, en especial la sostenida con Cósima Wagner, da claves para pensar que el filósofo empezaba a identificar a los caballos con Jesucristo-Dyonisos, una entidad sintética producto de la vorágine de su locura. En el fondo, no defendía a un caballo, defendía a sus ideas conciliadas. Pero en ningún caso pidió perdón por la humanidad; Nietzsche, el destructor de la humanidad precisamente, el destructor de la moral y de Dios. Natalia Parra Osorio sigue mintiendo a conciencia.


Y como de caballos se trata esta breve historia de las equivocaciones, aunque también de la Parra Osorio, incluyamos un caballo de Troya: desde hace una semana hemos venido asistiendo a un bombardeo de información sobre Leonardo Anselmi en Colombia. El individuo ahora se atribuye un cargo, "Asesor para Latinoamérica en el tema de TAS" esto es, [Vehículos de] Tracción a Sangre. -Qué gran título, qué enorme cargo!- dijo Pepito, aunque no sepamos quién se lo dio, en qué consiste y qué ha hecho. Ahora, en diarios como El Espectador, El Tiempo, ADN, e incluso en programas de Canal Capital, Anselmi figura como hacedor de caballos: resulta que no fueron por más de 10 años un puñados de animalistas, sino él, Leonardo Anselmi, quien ideó todo el plan para sacar los VTA de las calles; ahora da una vuelta triunfal por los medios contando sus supuestos logros animalistas, atribuyéndose el trabajo ajeno, ninguneando a los que de verdad han estado con un caballo de la brida en medio de la lluvia y el tráfico de la décima, casi arrastrando al animal rumbo a un hogar de paso. Yo he visto esa desesperación con un animal auténticamente falto de atención, con las heridas abiertas y los costillares marcados, y allí no estuvo Anselmi. El argentino es un caballo de Troya que de la noche a la mañana goza de los créditos de algo que jamás hizo, y ya sabemos qué experta nietzscheana le hizo el cabildeo en Bogotá para que así fuera.

La historia de la lucha contra los VTA en Colombia tuvo su primer éxito con la sentencia C-481 de 2003. Estamos hablando de un trabajo animalista de 10 años, época en la que Anselmi ni siquiera era animalista, pues ya revelará la historia a qué se dedicaba. Luego de la adecuación del  artículo 98 de la Ley 769 de 2002 –Código Nacional de Tránsito-, el Ministerio de Transporte fijó plazo para el 31 de enero del 2012 como fecha límite para la total abolición de los VTA. Anselmi tampoco estuvo allí. Gustavo Petro entre tanto desconoció el censo y el presupuesto de la pasada administración en el plan de abandono de los VTA, empezando el trabajo de ceros sin motivo aparente, y retrasando la salida del primer caballo en más de un año. No fue sino hasta este 2013 que Petro sacó el primer caballo de la calle, luego de agendarse todo el proceso con alfiles de su inspiración política, y animalistas mediáticos de bulto, como la Parra, que no pintaban nada en un proceso de más de 10 años. Desde entonces, los caballos, que son miles, han venido saliendo a cuentagotas para explotar más cantidad de noticias y publirreportajes (como el de arriba), sin mediar las condiciones de miseria material en los que cocheros y animales están sumidos, condiciones que exigen inmediata y definitiva respuesta, no pavoneos publicitarios. Incluso el Ministerio de Transporte expidió la circular 30 del 2013 para llamar la atención sobre aquellos funcionarios públicos que, como Petro, pretendían desconocer la fecha límite impuesta. Ahora resulta que los dos más grandes diarios de Colombia sacan noticia de Anselmi aterrizando en el proceso; titula el diario El Espectador, el más importante del país:
"Del caballo al motocarro
Leonardo Anselmi , el ambientalista que lideró la abolición de corridas de toros en Cataluña, le acaba de presentar una propuesta al alcalde Gustavo Petro para cambiar los carros de tracción animal por motocarros".

Resulta que esa propuesta lleva haciéndose por lo menos desde el 2005, y no de boca, sino con la presentación de un modelo cuyo desarrollo piloto fue en Medellín, ciudad con 8 veces menos cocheros que Bogotá. No es difícil entender: Anselmi aterriza en un proceso desconociendo el trabajo de personas que realmente luchan por los animales sin afán de capital mediático ni económico, y además y ahora, resulta plagiando proyectos ajenos, adquiriendo ridículos cargos inexistentes, insultando a otros animalistas, e incluso enviando a su filósofa de cabecera para que le allane el terreno. Será para la historia un nuevo ítem en la baraja de "logros animalistas" de Anselmi. Su oportunismo es solo comparable con la parla de mentiras que logra decir Parra Osorio si se le abre un micrófono cerca; en cualquier caso, así el animalismo bogotano sea nuestro primer contendiente, uno debe saber reconocer que lo hecho por Anselmi contra animalistas que realmente han luchado por años con caballos y zorreros, se ajusta a la forma de la más perfecta canallada, y eso prende aún más las alarmas del taurinismo bogotano, pues al parecer el individuo argentino va a alternar entre Barcelona y Bogotá de la mano de Petro; con esta calaña nos la veremos ahora:
(Debo al profesor Juan Medina y a su excelente blog esta información:)







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domingo, 13 de octubre de 2013

Marcel Proust en los toros


En otoño de 1889 tuvo lugar en París la famosa Exposición Universal que conmemoró el centenario de la Toma de la Bastilla, celebración que estuvo adocenada por la inauguración de la torre Eiffel. Para tal acontecimiento, España presentó entonces una corrida de toros, concurrida hasta el punto de ser presenciada por Marcel Proust desde un balcón del Hotel Ritz. Cuenta Adrian Shubert que fue tal el éxito de la corrida en París, que se hicieron 20 festejos más en dos plazas distintas (la cercana al Ritz, y otra colindante al Quai du New York) donde destacó la divisa del Duque de Veragua en todo el serial. La Plaza Vendôme, que daba festejos diarios, tuvo entonces la gracia de tener como espectador exiliado en su balcón al escritor más grande de todos los tiempos. Alternarían Reverte, Tortero y el francés Boudin «Pouly III» ante toros de Romero Balmaseda.

De esto no me hubiera enterado de no ser porque el mismo Proust lo dejó contando para la posteridad,en carta dirigida a su imponderable Laure Hayman (nieta del famoso pintor inglés, propietaria de un importante salón en París, y musa de la cual Proust tomaría algunos rasgos vertidos en Odette de Crécy). La carta puede encontrarse en Correspondances de Marcel Proust a Mesdames Laure Hayman et Louisa de Mornand. Dejo algunos apartes:

«Los matadores semejan hijos del mar. Como las Nereidas, uno tras otro emergen de las profundidades de la noche; sin embargo, mientas las diosas conservan su camino de retorno, los maestros parecen haber perdido el hábito de regresar. Hay en ellos, excepto en nuestro compatriota Boudin, por supuesto, algo pesado, rotundo, casi pesado, que revela su origen oceánico, la naturaleza marina de estas criaturas doradas».

«Desean convertirse en pura forma, pero sus movimientos, en vez de ser amables, como seguramente habrán de ser los de los ángeles que el Giotto suspendiera en los cielos de Padua, son movimientos descompuestos por la fatiga y la transpiración. Aunque ellos lo ignoren, el animal que matan los tiene atrapados».


Cuestión de voluntad poética la apreciación de Proust sobre la estampa de los toreros, sin duda, como también su intento de ir un paso más hacia la profundidad, captar la intención del toreo, y echar de menos la gracia en los movimientos; en fin, la circunstancia a la que debió someterse Proust fue a la de asistir 10 ó 15 años antes de la revolución belmontina a una corrida que aún no era arte, pero que empezaba a despertar y reptar hacia allí. La intuición, como puede llamarse a la queja de Proust, cuajaría con el tiempo en la revolución estética de Juan Belmonte, la tauromaquia como arte, el toreo de capote con movimientos amables, Curro Romero, Bienvenida, El Viti y finalmente José Tomás y Morante; el siguiente video narra de manera épica esa edad, ese desarrollo estético que Proust echó de menos, al ser testigo solamente del bravo toreo de piernas:

                        
El toreo from Por Siempre Toreo on Vimeo.

 Épico. Sigue Proust, con la impresión que le causó la muerte ritual del toro:

«Entonces el animal comenzó a hundirse, a deslizarse hacia un abismo cuya sima, solo en ese instante, nos estaba vedada. Aquel cuerpo precipitado no podía detenerse, ni era capaz de sostener su pupila. Alcancé a verlo mejor: ya no miraba, y, no obstante, había allí, en el rincón de esa pupila, una luz legañosa que provenía de adentro, de ese sitio, en el fondo, donde el dolor orgánico se transforma en resplandor».

 Es bastante improbable que desde el Ritz Marcel Proust pudiera inquirir incluso en las pupilas de un toro lidiado a muchos metros de distancia, por lo que su texto debe entenderse como una representación poética de su propia impresión: la transformación de la muerte del toro en otra cosa. De hecho este evento sentimental fue el que llevó a Proust a escribirle a Hayman sobre la corrida en una carta que también trataba del  l'affaire Dreyfus, lo que delata la grave importancia de los hechos para el escritor. No se refería entonces a una realidad física observable, sino a la capacidad del toreo para transformar la muerte del toro en otra cosa "donde el dolor orgánico se transforma en resplandor". La transformación aludida es la esencia de la muerte ritual del toro que sustenta la tauromaquia, cosa que Proust también intuye de manera sorprendente a la luz de su posición profana, y desde un balcón.

Finalmente dice:

«Si el tiempo está contra nosotros,esto, que los españoles llaman corrida, está contra el tiempo».

Cualquier interpretación sumaria y acomodad puede apuntar a que Proust está declarando la caducidad histórica del toreo. Sin embargo, la palabra tiempo, y el sentimiento de identificación del humano ("si el tiempo está contra nosotros") con la tauromaquia ("esto, que los españoles llaman corrida, está contra el tiempo"), dicen precisamente lo contrario. En fin, solo un seguidor de Proust puede escarbar sobre el sentido de la frase, uno que recuerda al final de su inmortal saga:


Hombre y tauromaquia están contra el tiempo, luchando como el Angelus Novus de Paul Klee que Walter Benjamin reseñara con gran acierto para la posteridad. Estar contra el tiempo no es lo mismo a estar fuera de él, con lo que el anacronismo se distancia de este sentido: el toreo entonces es una forma de conseguir lo mismo que Proust buscaba al encerrarse por años para escribir su saga: un sentido perdurable por encima del tiempo, y que como tal, necesariamente ha de entrar siempre en contradicción contra el tiempo; un sentido, pues, perdurable como arte y muerte, él mismo desaparición y gloria. Para mí el toreo y Proust son eso.



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martes, 8 de octubre de 2013

Antonio Ferrera y la tauromaquia como lidia



Dice Ortega y Gasset en sus imprescindible La Caza y los Toros:

"Lo que más me diferencia de los de hoy es que ellos hablan de este o del otro toreo y con ello se refieren al modo de ejecutar una docena, o muy poco más, de suertes, unos cuantos lances de capa y unos pases de muleta. Como veremos, esta retracción y angostamiento de sentido falsea ya de partida toda discusión sobre si ahora se torea mejor o peor que antes. La falsea porque aísla esas pocas suertes, arrancándolas del conjunto que es una «corrida de toros»; por tanto, convirtiendo en algo separado y abstracto lo que solo tiene su auténtica realidad como una y solo una de las cosas que pasan y hay en una corrida de toros. A mí me asfixia oír hablar así del toreo, porque estoy acostumbrado a respirar una realidad vastísima, amplísima, enorme, que es precisamente la corrida de toros. Hace cincuenta años no se llamaba torear a lo que hoy. Por torear se entendía —defino otra vez el significado de un vocablo— hacer y padecer todo aquello a que da ocasión cuanto acontece en una plaza desde que el toro sale del toril hasta que se lo llevan las mulillas. Y es su sentido más natural, a saber, habérselas en todas las formas con el toro en ese breve espacio en que culmina su ser—el tiempo en que permanece en la plaza. Pues si se habla de toreo de campo es para subdecir que no es propiamente toreo. "(Obras completas, tomo V, pag 672)

Las 3 actuaciones de Antonio Ferrera este año en Madrid hacen eco de las consideraciones del filósofo español: la tauromaquia entendida como algo que se extiende más allá de las series de capote y muleta. Hoy, ocurre por desgracia que todo está reducido al último tercio, y ni siquiera a todo, pues la estocada ya no es vista con la misma fijación ritual que antaño. Por otro lado, a menos que el actuante se llame Morante de la Puebla,  el toreo de capa es cada vez más un sucedáneo de tránsito, cuando antaño era un riquísimo mundo, incluso más largo que el toreo de muleta, por cuanto estaba fuertemente adherido al tercio de varas, lo que implicaba suertes de quites para alejar al toro de la caballería, del picador, usar la lidia para volver a ponerlo en suerte, y además, los tercios de quites para reñir con los otros toreros.

(Ver video desde 1:07:00)

                                

Ferrera socava todas esas pretensiones actuales de ir reduciendo el toreo a una muleta sin muerte: se habla entonces de su toreo de capa, su lidia, y la naturalidad que está logrando con la muleta, una que recuerda a Juan Mora, con todos los relieves y abismos de un toreo que ocurre despacio, de perfil, en redondo, y con la sensación de tener un control total de los terrenos y distancias, con una clara evocación  que le hubiera gustado llamar geométrica a Ortega y Gasset. Ferrera entonces ha hecho algo impensable hasta para él mismo: pegar el mejor natural del año el 2 de mayo durante la Goyesca en Madrid*, y también ser el único torero que ha hecho rugir a las Ventas desde el primer lance, siendo una plaza que solo se manifiesta tímidamente desde el segundo capotazo; esto lo hizo cuando sacó por verónicas y luego por chicuelinas al toro del caballo, como debería hacer siempre un maestro que intenta domeñar al toro.

Otra cosa es su gusto enfandilado por las banderillas, el número del capote-choza en la mitad del ruedo, o el espantoso traje del 2 de mayo: desde luego cosas sin importancia al lado del natural o aquella chicuelina que hizo rugir a Las Ventas mientras el toro salía del caballo y era mandado en su embestida, sin probaturas. Tauromaquia como lidia, añadida a que este hombre no se anda de marine en puerto: es torero de corridas duras.

*Nota: sobre el natural, se ha querido acusar a Ferrera de torear tomando la muleta desde un extremo del estaquillador, lo que por supuesto aleja la embestida del cuerpo e insinúa el pico; pero no hay que olvidar que lo hace sin ayudado, esto es, con un engaño más pequeño, conocido como "la muleta de Antoñete"; el maestro también asía la muleta desde un extremo, sin ayudado, y toreando a los vuelos; cualquiera puede comprobar que el toro se ciñe al cuerpo del torero cuando se torea así:


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Juan José Padilla, el héroe


Hace dos años nació un héroe. No hay una palabra más apropiada para definir a una persona que se plantea la titánica labor de volver a ponerse en la cara del toro, tras sufrir un espantoso accidente del que ha salido sin un ojo, con la mitad de la cara acusando parálisis,  la mitad de su audición perdida y, por si fuera menos decir, con la mirada acusatoria del mundo sobre su media ceguera. Si pararse frente a un toro para torear es una labor heroica, hoy tan incomprendida como difícil, hacerlo tras la terrible cornada de Marqués acusa algo de grandeza, cosa que cualquiera debería reconocer, así se esté desde una posición contraria a la tauromaquia.

Dicen sobre la película De Brau Blau:

"Pies de pasos contados a un bailarín, cuerpo disciplinado para esperar en calma total la primera embestida, mano exacta para una estocada hasta la empuñadura. La búsqueda de la perfección estética de un hombre solo, austeridad y pureza, ausencia de claveles y pasodobles, José Tomás en el pensamiento."

 Se referían a un hombre (el protagonista, de quien desconocemos su nombre) obsesionado con el toreo, que emprende un camino interior para enfrentarse al final del filme con un toro azul que él imagina; hasta tal momento, su camino de disciplina y espiritualidad se puede revelar como insoportable para cualquier castizo normal de la aldea posmoderna, renuente a los retos, las transgresiones,o  las verdades profundas que entrañan una problemática, ni más ni menos la vida y la muerte, el dolor, la heroicidad, la batalla sobre uno mismo y contra el toro;  a dicho protagonista, no le dolía tanto la inexplicable herida de su pierna que debía arrastrar mientras llevaba rocas pesadas en una carretilla, como sí le dolía no poder dominar el arte espiritual de torear. Aquel hombre es como Juan José Padilla. 

              

–¿Ha merecido la pena todo lo que ha pasado Juan José Padilla?
–(No duda a la hora de responder). Sí, ha merecido la pena. El sufrimiento es parte de la historia de un hombre y de un torero. Y cuando me miro al espejo cada mañana lo hago con orgullo. Y le doy gracias a Dios por poder afrontar la vida así. Todos los días tengo motivos para estarle agradecido. (Entrevista en el ABC)

De repente, el torero tremendista que antes fuera, no necesita explicarse en las entrevistas tras la cornada, aunque hable en la del Loco Quintero, o en la nota del The New York Times, ambos documentos imprescindibles; no lo necesita, pues su sola presencia en el ruedo frente a las astas del toro logra explicar la verdad: para socavar las acusaciones de ser un asesino, y también aquellas alegrías que despertó en los antis su cornada, Padilla se pone enfrente del animal de su desgracia para explicar que el toro y él son actores reales de una tragedia a la que no se le puede tachar de inmoral, pues por sí misma constituye una moralidad: la del héroe. No hay asesino, hay un héroe que se le llama matador por claras distinciones léxicas; tampoco hay taurinos sedientos de sangre en los tendidos, pues nadie sufrió la cornada como aquellos espectadores de Zaragoza que salieron perturbados y  tristes y decaídos de la plaza, mientras la antitauromaquia empezaba a comerciar con la violencia de las imágenes en nombre de una falsa idea de la justicia o el karma, logrando que el vídeo de la cornada fuera el más visto en la historia de los vídeos relacionados con la tauromaquia, en un curioso giro donde los acusadores emularon a los acusados de supuesto sadismo. 



No hay pues asesino, hay un héroe capaz de sacar casta, como el toro, como la vida ante la muerte y la muerte ante la vida, asunto este tan serio y fundamental que no cabe explicar más sobre su importancia en una época como esta, donde el bueno es quien se alegra en la frontera del morbo por la desgracia de un hombre, y el malo quien ejemplifica para toda la comunidad un valor, en ambos sentidos del término:
                               









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lunes, 7 de octubre de 2013

El Juli, 15 de 30, el documental

Documental completo que conmemora los 15 años de alternativa de El Juli, en una impecable realización audiovisual de Canal Plus Toros. Más allá de parecer un publirreportaje, el documental explica una carrera que se guste o no ha marcado una tendencia taurina en la historia reciente, por lo que verlo es más que recomendable:
                           
                                 

El Juli en La Santamaría de Bogotá

¿Algo queda claro de su tauromaquia después de todo esto? Su capacidad para meter los toros en la muleta es innegable; algunos confunden lo anterior con "poder", lo que aquí prefiere llamarse sencillamente como "ligazón", y a esta como la capacidad para dar continuidad a la embestida de manera que se reúna todo en la serie de muletazos. El Juli es el torero que más y mejor ha ligado en la historia del toreo, en 15 años. ¿Pero ligar a quién, cómo y a qué precio? ¿Queda claro que la pregunta del toro siempre flota en la tauromaquia del diestro de Velilla? ¿Puede haber ligazón en equilibrio con la bravura, y no en detrimento de ella? Por desgracia, El Juli está cada vez menos interesado en responder esas interrogantes. Con esto, se enfrenta a un principio eterno en la historia del toreo: cada verdad dicha, debe confrontarse con el toro, y con el máximo toro posible, pues en la tauromaquia, no hay otro modo de saber una verdad, si no es pasándola por el toro. Bajar la mano a puntos irreales, ligar la mitad del mando hacia afuera, matar de Julipie...¿todo esto puede significar algo en una historia de siglos?
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sábado, 5 de octubre de 2013

La resurrección de El Cid, faena para la historia del XXI

Dice José Ramón Márquez en su grandioso blog:

Grande. Muy grande. Así es el toreo que se basa en la verdad, el toreo que nos enseñaron y que machaconamente la crítica seria trata de convencernos de que ni es posible ni lo hemos visto. Grande Manuel Cid hoy en Las Ventas con el único argumento posible que un hombre puede poner sobre la arena de una plaza de toros: el toreo. Todo lo que uno busca en una plaza de toros lo ha traído esta tarde Manuel Cid a la blancuzca arena de la monumental: la naturalidad, el gusto, la entrega, la torería, el mando, el conocimiento, el clasicismo. Todo ensamblado gracias a una muñeca prodigiosa y a la firme decisión de no ceder la posición, de echar la muleta a la cara del toro, de llevarle toreadísimo, atado a los vuelos de la muleta, de rematar los pases de manera canónica, demostrando la veracidad del aserto de Rafael el Gallo cuando decía que «lo clásico es lo arrematao, lo que no se pué hacer mejor». Inmejorable Cid empeñado en arrematar su faena y en darnos un fresco vaso de agua clarísima a los que llevamos años vagando en el desierto de la vulgaridad, de las ruedas de molino, de los hallazgos graciosos que sirven para enmascarar la incuestionable verdad del toreo eterno, del toreo que Manuel Cid ha traído hoy a Las Ventas con el fin de enseñar al que no sabe, de desenmascarar a los que mienten de forma interesada, confundiendo a las gentes, haciéndoles ver que el toreo es otra cosa distinta a esto de hoy.

La faena de Manuel Cid de hoy en Madrid será dentro de muchos años una referencia incuestionable para jóvenes aficionados que hayan tenido la suerte de verla con cierto conocimiento de causa. Esos jóvenes abandonados a su suerte a los que se tunde diaria e  inmisericordemente de embustes sobre qué es el toreo y sobre cómo se ejecuta, hoy habrán caído del caballo y en su experiencia de aficionado tendrán una firme referencia del más sencillo y elegante clasicismo, sin alharacas, sin postureo, sin manoletinas, sin la basura del arte, sólo con la verdad que se expresa con la muleta en la izquierda, el estoque en la derecha y el corazón en medio.
 (Ver la faena desde 1:11:13)

                                 

                      
'El Cid' pierde la Puerta Grande; oreja para Fandiño from Plaza de Toros de Las Ventas on Vimeo.

El cuarto toro de la tarde, toro de Victoriano del Río, Berbenero (sic), número 79, castaño bociblanco, era un rato feo; un toro de cara avacada, alto de cruz y descolgado, veleto, de descomunales defensas enfundadas que tapaban un poco la fealdad del bicho. El bicho cumple en varas medianamente. Manuel Cid le hace un impresionante quite: dos delantales y una larga donde templa perfectamente la embestida del castaño y luego otro con cuatro verónicas y una espléndida media, sevillana y abelmontada, echándose el capote a los riñones en el remate. Magnífico trabajo de capote calibrando las condiciones del toro y enterándose de los terrenos, las distancias y las condiciones del Berbenero.

Luego principia la faena directamente con la que antes se llamaba «la mano de los biyetes», en el mismo terreno donde el toro se le entregó en los delantales -que Cid piensa en el toro y sabe de terrenos- en una impresionante serie de verticalidad ascética en la que mueve al toro perfectamente toreado, embebido en el vuelo de la muleta, resolviendo cada muletazo con la reciedumbre de la prodigiosa muñeca de este gran torero. «Mano de acero en guante de seda», le dijeron a Domingo Ortega, y hoy Cid, purísima claridad, línea clara de la verdad del toreo, trazó sus muletazos poderosos en esa primera serie como quien bendice, sin imponerse con violencia al animal, sino dejándole la ilusión de que eso es sólo un juego. Luego viene otra segunda serie de naturales que no baja en intensidad, en el mismo terreno, siempre a la distancia adecuada, siempre la muleta por delante, en la que reitera nítidamente los mismos argumentos basados en la verdad, en hacer ir al toro por donde no quiere, negación de la asquerosa seudotauromaquia que nos tratan de colocar todos los días, a todas las horas.


Con la plaza rugiendo, en el mismo terreno, Manuel Cid busca la distancia y vuelve a citar por naturales prolongando si cabe aún más la embestida, rematando perfectamente cada muletazo. En esa serie su figura erguida, su impecable naturalidad es un clamor de torería y de verdad y vuelan junto al torero los recuerdos de los grandes, de los que nos metieron el veneno de esta afición a base del toreo grande.

Después agarra el estoque verdadero y se trae al toro hacia el tercio del 9, ahí le mete una tanda por el derecho, rematada con guapeza y gran torería en un pase de trinchera que es un cartel de toros y después de otra porfía en redondo, un soberbio pase de pecho forzadísimo en el que se pasa el toro entero de cabeza a rabo por delante. Luego pasa de nuevo a la izquierda a finalizar la faena citando de frente -Manolo Vázquez, Sevilla y Madrid de nuevo- y engarza preciosamente ese natural con el siguiente ofreciendo el medio pecho, la pata adelantada -¿no decían que eso no se puede hacer?- la muleta adelantada -¿no habíamos quedado en que eso es de la prehistoria del toreo?- y luego, el ayudado. Sublime.

Después, con la plaza bramando como sólo pasa en Las Ventas en las grandes tardes, Cid iguala al toro en la suerte contraria y le ocurre al torero lo que siempre le pasa en las grandes tardes, pinchando en hueso como tantas otras veces. Es parte de su leyenda.

Si vamos a los toros, si nos devora esta afición que es pasión, es sólo porque de tarde en tarde alguien hace lo que hoy ha hecho Manuel Jesús Cid en Madrid.













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miércoles, 2 de octubre de 2013

Femina Suite, R.H. Moreno-Durán



"Qué tiempos, suspiró Justus, que navega ahora por ríos ignotos pero tranquilos, de vuelta no se sabe por qué a la era topolina, con Erika en abstinencia y el mal humo de los Ideales en los pulmones, y en la cama famélicas muchachas con sostenes espantosos, como de tela de paracaídas -no en vano habían quedado atrás dos guerras sucesivas- y unos guayucos que, más que bragas, eran unos horrendos calzones bombachos que cubrían púdicamente desde más arriba del ombligo hasta casi la rodilla, los pololos, uno de los mayores crímenes del franquismo. "
Finale Capriccioso con Madonna, página 737 de Femina Suite

La trilogía Femina Suite de R.H. Moreno-Durán, quizá el escritor colombiano más vapuleado con las injusticias del olvido, fue reeditada por Alfaguara hace una década, en una edición conmemorativa de sus 25 años de resguardo. Al día de hoy sigue tan olvidada de una manera solo comparable con la extensión de dicha injusticia. Sumergirse en esta prosa entonces es casi una obligación moral si se pretende hacer honor a las letras colombianas, tan mentadas en últimas horas con la infeliz muerte de Mutis.

Lo que se despliega en la trilogía es una historia profunda como profusa de léxico, que narra la historia de Colombia desde el Bogotazo hasta el imperio del Frente Nacional con el que los dos partidos tradicionales se repartieron el poder de manera descarada y alternante. Lo curioso es el móvil: desde tres frentes de narración, cada uno infinito, la historia es contada a través de las mujeres que perlan la historia, aunque el escritor nos arroja a verlo todo desde el prisma de una cómica misoginia, especialmente ensañada contra las enfermeras.


Los tres frentes de narración componen cada uno un libro que salió en su momento con independencia de los demás, pero que se articula a la perfección a todo el conjunto: el primero, titulado Juego de damas, desmenuza la historia nacional desde la perspectiva de los intelectuales de izquierda, siempre dominados por las intrigas de las ideologías latentes en la época, y por supuesto, por las mujeres. El inicio es una evocación a Joyce donde la lectura lineal se rompe en tres para contar en similar tempo la historia del país y de América, una clase de lógica hegeliana en la Universidad Nacional, y en último término la vida de una mujer llamada La Hegeliana; luego, asistimos a una larga reunión de nostálgicos comunistas a los que la vida les dio trabajo, dinero y estatus, pero que sin embargo rememoran sus tiempos de acción, dolosamente concluidos con una explosión en un apartamento en las torres de Pekín (frente a la Academia Colombiana de la Lengua), detonación esta que puso fin a la revolución en Colombia, en virtud a un pollo frito. Por supuesto todo está adobado con largas dosis de misoginia hilarante.

El segundo título, El toque de Diana, cuenta la historia nacional desde la perspectiva de los militares; en absoluto contraste con el título anterior, Moreno-Durán nos introduce en el caótico mundo de un Mayor del ejército que decide meterse a su cama para siempre, luego de caer en desgracia frente a las autoridades castrenses. Casado con una española con la que lucha para que su castellano no sea destruido por las incorrecciones gramaticales de la "advenediza peninsular", el Mayor rememora su vida marcada por la práctica del latín, la construcción de dioramas militares, también los caballos de paso fino, y la estrategia de guerra que pacificó la región de Marquetalia, que por cierto dio origen a la guerrilla de las FARC. Su esposa le es infiel y despide un olor que logra ganar para ella el calificativo de Bagre. La mujer es aún más brutalizada desde esta perspectiva, que la reduce a mero objeto sexuado pleno de vicios y mañas, culpable de conspiraciones masonas que pretenden desestabilizar la democracia, y finalmente, con mayor condena, culpable de practicar la enfermería. Al final, con juego casi  de magia sagrada que recuerda un episodio lezamiano, que no de realismo mágico, el mayor logra dar en la diana.

Para finalizar, Moreno-Durán expone un Finale Capriccioso con Madonna, que cuenta la historia nacional desde la perspectiva de las clases pudientes: entonces se apellida uno Obregón u Holguín, se tiene casa quinta en Villa de Leyva y se ha tenido el exceso esnobista de combatir en la guerra civil española. El protagonista, el individuo Moncleano, vaga por una mansión dividida que encierra la pintoresca historia de su estirpe, concluida con la muerte de su madre paralítica en una escalera de caracol. Años después, y a punto de leer un edicto que declara en venta la mansión, Moncleano sostendrá una relación tripartita con su esposa y una judía que recuerda a Simone Weil. Poco a poco, vagando por la espaciada mansión que cuarto a cuarto le recuerda aquellos familiares muertos y tan vivos en la historia nacional, Moncleano sirve de móvil para terminar de explicar la misoginia y el sentimiento de culpa lanzado contra la mujer como gran fondo de la historia de Colombia. Un inesperado encuentro con Laura, la mujer perfecta, y Justus, su tío que nos sirve para abrir esta publicación, terminará desenredando el hilo que articula las tres novelas en la misma trama: la historia del fracaso de Colombia, país donde se habla bien y se vive mal.

Además de ser un alucinante recorrido, fantasioso sin la necesidad de tocar la estéril herencia del realismo mágico, esta trilogía logra conjugar la voz clásica de Bogotá a través de frentes tan dispares, por lo que debiera considerarse a esta, y no a Sin Remedio de Antonio Caballero, como la verdadera historia bogotana por excelencia. La profusión de citas en latín, francés y alemán logra conciliar una prosa donde la voz titular no es la de los personajes, aunque estos a veces se metan en mitad de una frase para ratificar la opinión del escritor. En todo, incluso en aquella misoginia inofensiva pero reiterada, se respira pues un aire de nostalgia frente al gran fracaso de la revolución, el gran fracaso de la guerra, y el gran fracaso de la clase alta bogotana.

Con los años, ojalá no se deba contar el fracaso de esta trilogía en la historia de la literatura colombiana, dominada ahora por escritores medios aferrados a su porción de público e incapacidad.
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El morantismo de Morante

                     

Cuando en publicaciones pasadas hablamos de la corrida goyesca de Morante en Ronda, habíamos definido su toreo como Barroco, obedeciendo a los principios de sobrecargar con estética todo el conjunto "La tauromaquia de Morante de la Puebla es barroca en tal rigor, pues mirarlo torear es atender a una sobrecarga estética que grita reclamando que se le mire: su sitio, su ligereza de muletazo, su verónica perfecta, su cargazón de la suerte con la pierna adelantada, su barbilla hundida, sus riñones metidos, el juego de muñecas, su estampa de torero decimonónico, sus lances y pases añejos: todos son pequeños detalles, y sin embargo, presentes en un mismo conjunto: el toreo de Morante, por ello barroco." 
A tal acertada percepción sobre su tauromaquia, habría que añadir el aire de personalidad que le imprime a todo lo que hace, transido de una suerte de bohemia, y de chispazos de genialidad no concertados, que se hacen esperar, cosa toda esta que en otras épocas se llamaba 'estilo', y caracterizaba como dos panes diferentes a cada torero. El más morantista, por lo anterior, no puede ser sino Morante, por cuanto completa aquella máxima de Belmonte: "Lo que torea es la personalidad". No voy a entrar a excesos poéticos sobre relojes rotos, arte llovido del cielo o gracias de genio gitano, simplemente quiero dejar de manifiesto el toreo de capa y muleta de quien es el torero artista más grande del siglo XXI, sin sucesor a la vista, repleto de vicios a veces que siguen de largo, pero que como el buen cine, no deja a nadie indiferente; propongo estos videos, que inician con el inmortal toreo de capa en Madrid, para hacer el ejercicio de deleitarse con estética pura, de un hombre que torea con morantismo:

                             

                            

                           

                                    

                          

                               

      

     

     

     
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martes, 1 de octubre de 2013

Documental Grandes maestros del toreo


El documental va de un edad de oro hacia la otra, según mi parecer: desde Joselito y Belmonte hasta El Viti, Paco Camino y Diego Puerta, mediando la convulsión de la guerra civil, Manolete, el campo charro de los años 50`s, el desparpajo de El Cordobés; a través de todo y del toro, se entendía así al toreo como una relación de poder, que no de colaboración. Vale la pena revisarlo: el buen aficionado no vive del tiempo presente, pues lo hace del tiempo único y eterno del toreo, donde la salida a hombros de El Viti con toros de Miura en Madrid, y los 5 naturales de Juan Belmonte, ocurren en un mismo instante, pese a las 6 décadas que los distancia para el tiempo mortal; adjunto las 6 partes del documental, que para sorpresa de cualquiera, empieza con un especial sobre terribles cornadas, acaso para recordarnos que el toreo es una verdad ineluctable por cuanto se enfrenta al dolor y la muerte real; en ese sentido, el toreo ha de ser una imposición sobre el riesgo de muerte y dolor para el hombre, y por tanto, todos aquellos elementos de riesgo deben estar siempre presentes, traducidos en la bravura y presencia del toro, fundamento total de la tauromaquia.


                      

                     
               
                     

                     

                    

                   

 ADENDA con Curro Romero, Rafael de Paula, Curro Vázquez:

                  



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En el año 1988 Maníli abría la puerta grande de Las Ventas de Madrid en la corrida de Miura. También nacía yo. Amante de la tauromaquia, el cine, la literatura y el rock. Sigo con obstinada fe la certera evidencia de la frase de Lorca: "Creo que los Toros es la Fiesta más culta que hay en el mundo".