domingo, 27 de octubre de 2013

Violencia antitaurina en Lima y Rodilhan



Dos nuevos hechos de violencia antitaurina se presentaron hoy 27 de octubre de 2013 en plazas del mundo: Lima y Rodilhan.

Las autoridades de Perú y Francia han salido particularmente golpeadas de estos actos que empañaron, aún más, el discurso supuesto de paz y evolución de la antitauromaquia:  el caso más grave ocurrió en Lima, donde Marlon Carrasco, subolficial de la policía montada peruana, fue apuñalado en la pierna por un manifestante antitaurino. Que una protesta se presente a sí misma como pacífica, y sirviente para rechazar la supuesta violencia del toreo, no explica cómo es que uno de sus integrantes porta un arma blanca, y la dirige contra un ser humano. Mucho menos, que una recua desaforada la emprenda con piedras contra las autoridades que repelen los ataques, modo pedestre de demostrarnos quiénes son los realmente rezagados:
(Adenda: en las últimas horas nuevamente se registraron hechos de violencia antitaurina en Lima: un comando animalista intentó incendiar la plaza de toros de Acho, con personas adentro, y por fortuna sin éxito. El empresario de la plaza acusa a Leonardo Anselmi, activista presente en la ciudad. Al final de este escrito se pone el pantallazo de la noticia. También abajo se incluye nueva información sobre las medidas legales pedidas contra la violencia antitaurina en Francia).
                     
                            


                          

El segundo hecho de violencia se presentó en Rodilhan, una pequeña localidad francesa que sirvió nuevamente para el móvil mediático del antitoreo francés: la invasión multitudinaria de animalistas de toda Francia a pequeños pueblos, por ello sin suficiente pie de fuerza pública; se asegura la vulnerabilidad para satisfacer también la impunidad: al rededor de 400 manifestantes antitaurinos irrumpieron pues en Rodilhan con motivo de un festival; pese a la orden de un tribunal de Nimes que prohibió a la manifestación acercarse a medio kilómetro de la plaza (esto es, siquiera acercarse al perímetro urbano de la población), los animalistas llegaron hasta la puerta de la plaza, donde la policía intentó repelerlos. El resultado: 20 llantas de autos ponchadas, rejas destruidas, policías heridos por contusiones, daños menores por lanzamiento de bengalas en la estructura de la plaza de toros, un vidrio panorámico roto, y un político local golpeado y aturdido con pintura roja que le fue arrojada. Un antitaurino fue detenido en la refriega, y deberá responder por daños personales. Los organizadores de la manifestación también deberán responder por desacato.

¿Acaso lo sucedido en Perú y Francia corresponde a la descripción de unos seres humanos que se arrogan la evolución moral, rechazan toda forma de transgresión y violencia unilateral, y además son capaces siquiera de manifestar su inconformismo de una forma razonable,educada y legal? No.


La pierna traspasada del policía limeño, como también los intentos de incendiar una plaza francesa con pólvora de bengala, son síntomas del desbordamiento de una violencia reprimida en sus portadores. Para el antitoreo, la pierna apuñalada del policía encuentra su justificación en el morrillo picado del toro: ¿Es un modo de identificación con la violencia condenada? ¿Una suerte de justificación, o mejor, de retaliación, donde la sangre derramada del animal es vengada con la sangre humana del policía, y próximamente la taurina? En realidad, lo que opera aquí es un inhumanismo voraz que empieza a hallar satisfacción, una que puede reconocerse por algunos aspectos: victimización del toro y del manifestante; infundado sentido del auto-heroísmo que debe ser practicado violando la ley y exponiéndose, para demostrar afanosamente un amor ilimitado por los animales; desprecio por las autoridades; culto a la imagen del ALF, esto es, estética de la clandestinidad representada en el pasamontañas como símbolo de un movimiento violento; finalmente, una manida idea de la justicia, que confunde sus límites con los de la venganza.

Se puede leer una queja en este flyer hecho por un aficionado mexicano, inquieto por la usanza de los antitaurinos que protestan en el D.F.
En el nombre de la sangre derramada del toro, y sin ningún intento para explicar su importe ritual y cultural, el antitaurino emprende entonces sus acciones violentas, que se van a justificar diciendo que "siempre será peor lo que ocurre en el ruedo con un animal". Lo preocupante de esta argumentación, es que cualquier cosa puede ubicarse abajo de la gravedad de la muerte del toro, teniéndose en cuenta que quien enuncia el argumento es un fanático por los animales. La violencia antitaurina no tiene ningún nexo cultural que pueda respaldarla, aunque intenta volverese hegemónica, con aquellos intentos de volverla internacional. Es decir, ¿Por qué hay consignas en inglés como "Stop Corrida", en una protesta que se ubica concentradamente en un pequeño pueblo francés? En últimas, estas acciones coordinadas no son protestas puntuales contra una corrida, sino un intento razonado de volver los ojos del mundo a la exageración del antitoreo. La anterior acción incluso merece violar las leyes. Cuando el Tribunal Administrativo de Nimes prohibió la protesta a 400 metros a la redonda de la plaza, se suponía que quienes invocan la Ley para pedir la abolición del toreo, iban a respetar el concepto de la Ley sobre ellos mismos. El Tribunal ya había aducido el año pasado que las protestas antitaurinas deberían realizarse a 400 metros de la plaza, por cuanto podían generar hechos de violencia directa provocados por antitaurinos, pues es necesario recordar que las protestas antitaurinas en Francia están relacionadas con hechos de racismo y nazismo, y también, con un ciego uso de la violencia unilateral. ¿Por qué entonces violar la ley, sabiendo las consecuencias?

 Un riesgo calculado en virtud a sus ganancias mediáticas, o quizá fanáticos, o ambas:


Lo cierto es que los límites de la barbarie se eliminan cuando el protestante acuchilla a la policía, en nombre de un animal que desconoce absolutamente. La dignidad humana es la fuente de todas las éticas a lo largo de la historia, y el desconocimiento de este principio es el inicio del inhumanismo; entonces, uno no puede sino optar por destacar el carácter inhumano de estas acciones antitaurinas, más allá de las débiles justificaciones, como cuando se intentan comparar con la forma cruenta de la tauromaquia. Mientras la tauromaquia, convertida en arte y ceremonial en su forma moderna, es en definitiva el triunfo honorable de la animalidad humana sobre la animalidad del toro, el antitoreo parece dirigirse en cambio hacia la derrota del humano acuchillado, y la del toro de lidia extinto; e incluso, sobre la violencia antitaurina que se vuelve en su propia contra.

Para finalizar: ¿Puede haber una ética relacionada con el inhumanismo? Sus juicios serán dichos cuando el antitaurino defienda al animalista cuchillero, y a los franceses que invaden pequeños pueblos, y arrojan gases de fumigación contra un tendido lleno de mujeres, ancianos y niños.





Esta imagen explica el grado superlativo de ignorancia que tienen los antitaurinos sobre la verdadera naturaleza del toreo, además de demostrar lo que a Carruthers le gusta llamar "una despreocupación moral de los reales problemas humanos, en función de un despreocupado entendimiento de las diferencias entre humanos y animales".